¿Qué es la abolición?

I.J.

Somos abolicionistas, trabajamos para construir un mundo sin prisiones, policías, castigos ni confinamientos. De primeras, este sonido asusta a mucha gente. Probablemente se deba a que tienen una idea bastante clara de lo que esto tomaría. Para que nuestra sociedad no tenga prisiones, necesitaremos grandes cambios. Por un lado, tendremos que ocuparnos realmente del daño, que es diferente del crimen.

         Experimentamos el daño en muchas formas diferentes. Existe el daño interpersonal, que es el que frecuentemente nuestro sistema actual dice combatir (aunque falla). Actos como el asesinato, la agresión sexual y robo. Pero también la pobreza, el racismo estructural y la explotación. Hay ataques mortales con drones, sanciones que causan hambrunas y matan gente en Irán y Venezuela, y también el agua tóxica en Flint, Michigan. Para la mayoría de nosotros, pagar arriendo es una forma de daño, pero no podemos llamar a la policía porque el arrendador nos cobra por vivir. Ni tampoco podemos llamar a la policía cuando nuestro arrendador no arregla el fregadero.

         Como abolicionistas, decimos que el sistema actual, al que llaman sistema “de justicia penal”, produce más daño del que previene, y no ofrece justicia. Está basado en prisiones, castigos, libertad condicional, policías y propiedad privada. Estas instituciones, junto con un puñado de compañías privadas que les venden bienes y servicios, conforman los Complejos Penitenciarios Industriales, o “CPI”. Nosotros no creemos que el sistema esté roto y necesite ser arreglado. Creemos que el sistema funciona exactamente como se supone que debe hacerlo: como un régimen opresivo y violento que defiende la supremacía blanca, el capitalismo y al patriarcado. La gente ha estado reformando los CPI por siglos —lo que tenemos que hacer es abolirlos.

         Los CPI surgen del colonialismo, la esclavitud y la represión sindical. Como una extensión del colonialismo y la esclavitud, los CPI dañan desproporcionadamente a los negros, morenos e indígenas. Como agente para romper huelgas y reprimir sindicatos, los CPI, y especialmente la policía, imponen un orden social violento y estricto que nos mantiene divididos, alienados unos de otros e incapaces de unirnos en contra de todas las formas de opresión que enfrentamos. A través de todo esto corre la violencia de género —mujeres, queer y personas trans experimentan daños e injusticias específicas por encima del resto. La abolición es un proyecto para destruir estos sistemas de opresión y reemplazarlos por algo nuevo. O quizás muchas cosas nuevas.

         No prometemos un mundo sin daño. La gente se lastima entre sí y eso no cambiará. Pero, ¿por qué todos aceptamos que la respuesta adecuada al daño es más daño, administrado por el estado? ¿Qué experiencia de nuestras propias vidas nos dice que encerrar a otros es la mejor forma de ayudarlos, o a la persona a la que puede haber lastimado? ¿Por qué llamamos tan rápido a la policía? Estas son grandes preguntas, y la abolición es un proyecto enorme que no es nada menos que el reordenamiento revolucionario de la sociedad. Pero también se basa en lo que hacemos por nosotros cada día. Cuando no llamamos a la policía, estamos aboliendo. Lo hacemos cuando herimos a alguien, y realmente lo compensamos y recuperamos su confianza, cuando le damos a alguien la oportunidad de recuperar nuestra confianza. Abolimos cuando mostramos solidaridad compartiendo algo de lo nuestros o arriesgándonos por un amigo.

         En una escala más amplia, practicamos la abolición cuando debilitamos a los CPI en cualquier forma que podemos. Eso puede significar luchar para abolir las sentencias mínimas obligatoria, poniendo fin a la reencarcelación de personas por violación de libertad condicional, y construyendo organizaciones vecinales que resuelvan sus conflictos sin la policía. Muchas formas de la abolición pueden parecer reformistas. Pero la diferencia es que los reformistas piensan que pueden arreglar este problema y tener un sistema judicial justo y no racista. Nosotros decimos que eso es imposible —todo tiene que ser arrancado de raíz. Entonces, cuando presionamos por reformas, presionamos por reformas que debiliten el sistema en lugar de fortalecerlo y legitimarlo. La compañera abolicionista y camarada Ruth Wilson Gilmore llama a estas “reformas no reformistas”. Por ejemplo, construir nuevas cárceles para combatir el hacinamiento es una reforma —asegura otro siglo de personas encarceladas. Una reforma no reformista sería algo así como excarcelar y reducir las poblaciones penales financiando comunidades, despenalizando el trabajo sexual, las drogas y las personas sin hogar. No se conseguirá la abolición total ese año, pero nos acercaría mucho más.

         Lo más importante, la abolición significa cultivar comunidades en el interior y construir conexiones fuertes con el exterior. Este movimiento siempre ha sido y siempre será dirigido por personas que se encuentran o han estado en prisión. Nosotros seguimos así con grupos de estudio, educación política, apoyo mutuo, cartas, y relaciones personales basadas en la confianza y la solidaridad. Esperamos que esta revista esté haciendo el trabajo de abolir.

         Entonces, ¿qué es la abolición? Ruth Wilson Gilmore dice que la abolición generalmente se piensa como una ausencia —no más cárceles, ni presos, ni policías— pero realmente se trata sobre la presencia. ¿Qué queremos construir juntos que haga obsoletas a las prisiones, las cárceles, los policías y los patrones? ¿Qué tipo de mundo queremos? Estas pueden parecer preguntas elevadas, pero es importante que las pensemos mientras nos organizamos. Mientras luchamos, estudiamos, y construimos una comunidad juntos, la respuesta a la pregunta —¿Qué es la abolición?— evolucionará y crecerá. Y cuando recordemos que cada imperio, cada orden social, y cada sistema económico que la humanidad ha creado ha llegado a su fin, podemos empezar a pensar en la abolición no solo como posible, sino como necesaria.

Traducción: Nicolás Veroiza


[1]In the belly. An abolitionist journal. Vol. 1. Mayo, 2020. “In the belly es una revista de y para personas que están presas en Complejos Penitenciarios Industriales. Para las personas cuyas vidas se ven impactadas, determinadas y ensombrecidas a diario por el castigo y el encarcelamiento: presos y sus familias, seres queridos, amigos, comunidades y camaradas”.

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