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Más allá y más acá del futuro. Sobre el problema de Futurabilidad de Franco “Bifo” Berardi

¿En qué medida vivimos en un mundo en el que se agotan las perspectivas sobre el futuro? O, más bien, ¿el futuro se despliega con una única perspectiva omnipresente? Ciertas relaciones estéticas con el arte, la literatura y la cultura nos permiten reconfigurar constantemente nuestras perspectivas emancipatorias y reflexionar sobre un tiempo mucho más “sedimentado”, “lento”, en reconexión también con el pasado.

David Barrera F.

¿En qué medida vivimos en un mundo en el que se agotan las perspectivas sobre el futuro? O, más bien, ¿el futuro se despliega con una única perspectiva omnipresente? Ciertamente, el Realismo Capitalista del que habla Mark Fisher es una aguda idea sobre nuestro presente y la manera en la que nos relacionamos con las alternativas de emancipación. Sin embargo, cabe pensar la manera en que ciertas relaciones estéticas con el arte, la literatura y la cultura nos permiten reconfigurar constantemente nuestras perspectivas emancipatorias y reflexionar sobre un tiempo mucho más “sedimentado”, “lento”, en reconexión también con el pasado.

En su ensayo titulado “Baila y muere: obsolescencia y aceleración” [2004], Benjamin Noys, uno de los críticos insertos en el debate sobre el aceleracionismo y las formas que se nos ofrecen dentro del sistema capitalista actual, la idea de generar verdaderas líneas de fuga que reconfiguren nuestra dominación en aras de un futuro postcapitalista, caracteriza la sensibilidad que se expresa en el surgimiento del Techno de Detroit en la primera mitad de los años 80. Para el crítico, esta estética musical canaliza y “celebra” el desarrollo desindustrializador y de la automatización del trabajo por parte de las máquinas en las empresas de la ciudad, lo cual vuelca la música hacia una deshumanización equivalente, reemplazando los rasgos “humanos” de la música por las cajas de ritmos programadas, samplers y una aceleración de los BPM. Sin embargo, por otra parte, esta estética de alguna manera expresa la ansiedad generada en el contexto postfordista de desindustrialización, en la medida en que, más allá de lo esperable, la misma mecanización musical que presenta una regularidad y un cierto sentido de orden muestra, a su vez, el conflicto y el desasosiego de este tránsito hacia un “nuevo orden” productivo y económico. En otras palabras, el Techno no es simplemente la celebración de la automatización y de un nuevo futuro, sino que es más bien un equívoco y ambiguo abrazo de lo tecnológico, por cuanto permite expresar los conflictos de la tecnología y las ansiedades que diversos artistas y sellos tradujeron en toda una estética (188-190).

Ciertamente, lo más interesante de esta interpretación radica en el rastreo y la percepción de las ansiedades colectivas y de las “estructuras del sentimiento” que subyacen en un proyecto estético determinado, máxime considerándolo en el contexto actual en el que la idea misma de futuro se desdobla en actitudes que vacilan entre un sentimiento catastrófico y una apuesta un tanto naive respecto a él, centrada en lo que ofrece el desarrollo cognitivo y tecnológico, en manos de una suerte de “cognitariado” que, organizado, sería algo así como la vanguardia en la que recae la posibilidad de la emancipación y autonomía respecto al capitalismo. Dentro de este último grupo es donde se agrupa un libro Futurabilidad. La era de la impotencia y el horizonte de la posibilidad de Franco “Bifo” Berardi. 

Como formulación simbólica-textual de lo referencial, pero también de un “determinado tipo de inconsciente”, más que como un pretendido texto filosófico que vehicule nuestra interpretación sobre el presente —y el futuro— es, nos parece, una aproximación fructífera al libro de Bifo. En este, en el cual no faltan las citas a los grandes nombres masculinos de la filosofía europea, lo que se presenta son tentativas interpretativas de la situación actual basadas en la posibilidad, la potencia y el poder, donde este último término —representado por el capitalismo actual, el neoliberalismo y los gobiernos “neonacionalistas”— resulta ser aquello que limita nuestra potencia de construir un futuro en base a las posibilidades inscritas en el presente. A primera vista, tal panorama descrito resulta ser veraz; sin embargo, lo que subyace acá resulta ser un ejercicio eurocéntrico en la concepción del tiempo y en la idea misma de un futuro cuya emancipación está en manos del —por muchas veces repetido a lo largo del libro— cognitariado. 

Sus fichas puestas en este sector de la sociedad, entendido como el grupo compuesto tanto por ingenieros (de Silicon Valley), como por técnicos —ambos grupos bien caracterizados— y artistas —mucho menos descrito, casi obviado— se demuestra en uno de los párrafos finales del libro:

Solo la toma de conciencia por parte de los trabajadores cognitivos del mundo nos permitirá encontrar una salida a la guerra civil global alimentada por el racismo blanco y los resentidos fascistas. Este proceso parece hoy muy lejano, debido a que los trabajadores cognitivos carecen de todo potencial de autoorganización. La impotencia es la condición actual de los trabajadores cognitivos, constreñidos en el proceso neurototalitario de autoconstrucción dentro del autómata (248).

En esta caracterización del presente y de la descrita como casi única apuesta del futuro subyace, desde nuestra mirada, un tipo de ansiedad en torno al futuro que Noys caracterizó más arriba para el Techno de Detroit; sin embargo, mientras en fenómeno estético-cultural subyacen distintas fuerzas tensionadas sobre el presente y el futuro, en el libro de Bifo se disfraza la preeminencia primermundista del desarrollo tecnológico como casi la única vía de emancipación, con un velo que busca disfrazar esta tentativa primermundista con un disfraz que intenta mostrar una actitud política “renovada”, antitotalitaria, renegando de una concepción de la política te(le)ológica, pero que resulta ser un esfuerzo por instalar diagnósticos y soluciones claramente europeizantes. 

Como se mencionó más arriba, Futurabilidad es posible de ser analizado de manera “textual”, dando cuenta de sus ausencias (más que de sus presencias “referenciales”), como lo serían sus referentes intelectuales e ideológicos —la filosofía europea— y, más importante aún, un sui generis trasfondo conceptual en torno a la historia y el futuro, que por más que anuncie su intento de pensar un presente en el que se insertan las múltiples posibilidades de construcción de un futuro, él mismo termina cerrando en un discurso cuasi-providencialista, racionalista y digamos “antiestético”: denotando una ansiedad mucho menos rica y elocuente.

Para cerrar, nos parece que, más allá del Techno y de Estados Unidos, existen en América Latina propuestas no solo sobre la sedimentación del futuro, sino que también del tiempo, más allá (o más acá) del discurso pseudomesiánico caracterizado más arriba. 

Piénsese, por ejemplo, en el artista brasileño Nuno Ramos, en cuya escritura y piezas plásticas se ofrece, de manera más rica a la experiencia, una suerte de vivencia de lo sensible del tiempo en la que el pasado, lo corporal y la exterioridad se concretan y materializan el tiempo, donde se despliega nuestro presente catastrófico y se abre hacia un futuro sedimentado materialmente. En primer lugar, en Cuyo [1993]—su primera obra literaria— tenemos reflexiones no sólo acerca de la materialidad artística, sino que también una propuesta de escritura que de alguna u otra manera se concreta, se hace “sensible”, en un intento de querer nombrar aquella materia informe y proteica. 

Por otra parte, la reflexión sobre la arquitectura y sobre la construcción humana de “Edificios vacíos, contrahechos, arquitectura ruin, simultaneidad”, presente en su obra Ó, reinstala cierta perspectiva aurática y de ajenidad respecto a nuestro entorno, la cual nos permite formular la pregunta sobre el transcurso histórico y el devenir humano en base al tránsito de la materia desde el pasado hacia un futuro. Como dice el narrador de esta última obra, “por eso hay tal vez en cada construcción vacía un fondo solemne, intocado, que espera ser revelado, algo para siempre postergado (…) una ambientación de paredes para paredes, aparentemente tan inhumana como llena de significado para los hombres (sic)” (110).

La materia debe caminar disforme, dispersa, irrepetible, por tanto, moralmente insustituible, individuada, indiferente a nosotros, incluso. En el límite, no podría ser vista, ni sentida, ni oída, ni probada (Cuyo, 11).

Los edificios vacíos pueden ser llamados orgánicos, pues todo funciona en una uniformidad en flujo, doblada sobre sí misma. Cuando el silenció, el polvo, las sombras casi sólidas de esos edificios, cortadas por las esquinas de las paredes, imponen su gravedad, entonces no hay habla ni memoria, no hay lugar para estar adentro, y la arquitectura, lo que todavía hay de arquitectura, se cierra en elementos genéricos, inhabitables, como el piso de madera, la pared delantera (Ó, 109).

En contraposición a un optimismo del futuro que disfraza el anquilosamiento de un pensamiento que no va más allá de sus propios límites, podemos pensar una suerte de conflagración de la Historia con la historia natural que nos permitan pensar y sentir el presente catastrófico por fuera de una fórmula metafísica. Se presenta, en definitiva, un ofrecimiento a la sensación de la historia, más que una comprobación inteligente de esta. Se trata de imaginarse al Angelus novus mirando a un pasado no solamente catastrófico, y a quien el viento que lo empuja hacia adelante no es necesariamente inexorable. 

 

Bibliografía

 

“Bifo” Berardi, Franco. Futurabilidad. La era de la impotencia y el horizonte de la posibilidad. Buenos Aires: Caja Negra Editora, 2019.

Noys, Benjamin. “Baila y muere: obsolescencia y aceleración” Aceleracionismo: estrategias para una transición hacia el postcapitalismo. Comp. Armen Avanessian y Mauro Reis. Buenos Aires: Caja Negra Editora, 2019. 181-200.

Ramos, Nuno. Cuyo. Valdivia: Komorebi Ediciones, 2020.

_____. Ó. Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2014.

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