La protesta y su teatralidad: ¿qué significa cuerpos en resistencia?

Fabián Videla Zavala

Revista Rizoma

Este breve texto ensayará el estrecho vínculo entre las prácticas performativas y el pensamiento contemporáneo. Para ello —y consideren esto una advertencia preliminar— utilizaremos una definición extensiva de la noción de “performativo”. Ella no pertenece restrictivamente a las artes escénicas ni a lo propiamente representacional. Apelamos a una visión ampliada del fenómeno, en el sentido que Judith Butler lo encasilla: performance es toda acción corporal. Lo performativo puede ser definido, entonces, como  todo aquello que hace/produce cuerpo. 

En otras palabras, nos adentrarnos en una versión ampliada del paradigma de la teatralidad y sus campos de acción, pues ¿qué significa cuerpos en resistencia? ¿Qué (o sobre qué) resiste un cuerpo? ¿Qué lo sobrecoge a posicionarse en interrupción? ¿Cuánto puede un cuerpo? ¿Cuál será entonces el punto de partida para definir la protesta colectiva y su teatralidad? En ese sentido, nos adscribimos a la localización del cuerpo, descrita por Michel Foucault en El cuerpo utópico, como grado cero de la realidad —al afirmar que el cuerpo está en el corazón del mundo. Lo anterior nos emplaza en el centro de un interesante debate marcado por las protestas y aglomeraciones multitudinarias. Diez, trescientos o un millón de cuerpos se reúnen y convocan en sentido de proceso de interrupción, cuerpos desposeídos que agencian la posibilidad de una “política performativa”: un cuerpo que ha rebasado su carga semántica (tanto disciplinaria como jerárquica), posicionándose como proceso de interrupción. 

En primer lugar, en su sentido más evidente, si todo lo performativo es lo hace/produce cuerpo, el cuerpo de la manifestaciones sociales, sin duda alguna, se adscriben a dicha categoría. Si algo ha determinado la discusión estética ya a un año de Octubre, fue la proliferación de actos estéticos en las manifestaciones sociales. De algún modo, el arte decantó fuera de su institucionalidad debido a una fuerte interpelación política. Pues, la idea vanguardista del arte retraído en su autonomía, simultáneamente, mostró su limitado impacto social: el arte sólo será político en razón de dicha política limitada. Esto conllevó a una radical transformación en sus modos de acción que inauguró una nueva forma de relaciones entre los afectos y los cuerpos. 

Hace décadas, los antecedentes del debate sobre los modos de acción de arte presenciaron el hito del programa estético y político de la Internacional Situacionista, el cual propuso la destrucción de todas las identidades de la sociedad del espectáculo: artista, autor, obra, trabajo, mercancía. Ahora bien, hoy, cuando el arte sacrificó tanto tiempo su contenido para sobrevivir su como forma de una isntitución estéril, las diversas performances que acompañar las manifestaciones sociales traen consigo la impronta de una inmediata significación política de la sensibilidad: ¿acaso su propia abolición es la respuesta para recuperar su fuerza subversiva? Nuestra tesis será la siguiente: desde octubre, todo intento por esbozar una significación política de la realidad a través del arte, debe desplegarse necesariamente desde el corazón de los cuerpos, o será completamente estéril

En segundo lugar, podemos entender el indisociable vínculo entre pensamiento y cuerpo. Si lo performático es todo aquello que hace cuerpo, el pensamiento mismo, como diría Gilles Deleuze, es lo que está en movimiento: se corporiza. Los cuerpos en resistencia, por tanto, hacen y simultáneamente experimentan pensamiento. Se trata de una interesante condición, de un doble movimiento que determina todo el pensamiento/prácticas entendidas como performativo. Esta es la noción política principal, que nos permite entender la politicidad de los cuerpos manifestándose, pues todo acto de generar cuerpo es, de algún modo, hacer una experiencia de comunidad. Darle un cuerpo al pueblo, no obstante, no un pueblo construido en los márgenes de la soberanía política o del Estado, sino un pueblo que estará siempre porvenir —que es aún inexistente. Es decir, una labor política inacabada e incesante. Desde acá podemos concluir que lo performativo no es simplemente la manifestación corporal y sus implicancias políticas, sino también el pensamiento que la experimenta. Se hace necesario entonces, leer los cuerpos, rebasarnos en su dimensión discursiva y experimental no-discursivamente de todo eso que excede al cuerpo. En estos márgenes se disputará la contienda política. Se trata por lo tanto de un asunto de límite. Ese límite intensivo entre el cuerpo y el lenguaje, entre los cuerpos reunidos y las discursividades emancipadoras que se hilvanan en sus aglomeraciones. 

Ahora bien, lo cierto es que la comunización tan deseada por diversos intentos por ligar el arte con la política y la vida cotidiana, ya están teniendo su lugar. Lo interesante de ensayar como reflexión es que dicha intempestividad política no aconteció por la afirmación de un nihilismo pasivo concadenante a subjetivaciones revolucionarias. Si bien, afirmamos con anhelo la impronta de la Internacional Situacionista: “Los delincuentes juveniles y no los artistas pop son los verdaderos herederos del Dadá”, no podemos dejar de precisar que hoy, más que nunca, resulta necesario pensar junto aquella arremetida política el anhelo de que el arte pueda volver a la vida: como guerra, celebración o crítica, pero también  ̶ y quizás aún más interesante ̶  como pensamiento y cuerpo. Cuando todos los cuerpos rebasan el aparato contable: la disciplina de los cuerpos y la gubernamentalidad que determinan la recomposición de territorios existenciales en nuestras sociedades compenetradas por flujos capitalistas.  Es decir, una imagen del cuerpo  ̶ y, por ende, también el pensamiento ̶  que se desprenda de las figuras de organización centradas, a favor de una experimentación estética no domesticada, no territorializada o sobrecodificada. Las diversas performance que acompañan las marchas  le recuerda al cuerpo que él no es nunca una identidad preexistente y recuperable, sino que es todo lo que él puede, todo lo que ese cuerpo puede en la experimentación de sus afectividades y el estallido de sentido con que arremete.