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Pueblos sublevados con imágenes: de la representación a la producción

Laura Lattanzi

Las imágenes jugaron un rol fundamental en la revuelta que se desata en Chile en el 2019. Por un lado, con la extensa disponibilidad de dispositivos que permitieron registrarla, cualquiera podía grabar lo que estaba sucediendo con sus teléfonos y poner a circular dichas imágenes inmediatamente; podemos afirmar que se trata de la revuelta visualmente más documentada. Pero también es importante distinguir que quienes participaban de la revuelta tenían -y tienen-, plena consciencia sobre la necesaria disputa por los regímenes de visualidad. Y ello se puede observar claramente en cómo los distintos territorios se vieron cargados de nuevos signos: frases escritas en aerosol, pintadas, collages, afiches, que denuncian la desigualdad, la represión, instan al gobierno, crean nuevas simbologías; todas imágenes que quieren disputar los relatos que circulan en los medios de comunicación masivos. Ambos fenómenos, la disponibilidad de dispositivos que registran, así como también la consciencia de los actores sobre la necesidad de inscribir las luchas de poder en el campo de lo sensible-visible, nos lleva a pensar sobre las transformaciones en la siempre abierta discusión de la representación de los pueblos.

Observo imágenes audiovisuales de archivo de la época de la Unidad Popular (Cineteca Nacional online, “Memorias en movimiento: Colección UP” [1]), el pueblo marcha, la cámara los y las registra, algunos/as se acercan hacia ella, hacen algún gesto, otros/as la “pispean”, pero evitan detenerse a mirarla de manera directa. La cámara está fija, registra con cierta distancia a los miles de manifestantes, a veces deteniéndose en algunos rostros, a veces desde un plano general que logra captar la gran masa siempre en movimiento. Las imágenes de la Unidad Popular quieren incluir a los pueblos en la representación, descolonizar el imaginario colocando en él a un “nuevo” sujeto político.

Pienso ahora en algunos colectivos de corte video-activista que surgieron en la revuelta del 2019, como son #Ojo Chile y Colectivo Registro Callejero[1]. En estas imágenes audiovisuales también se registran los desplazamientos de la muchedumbre, la gente tomándose los espacios emblemáticos. Existe también, al igual que las imágenes que observaba de la UP, una fascinación por la contingencia. Sin embargo, hay algo en el eje de la cámara y la distancia con los sujetos representados que ha cambiado.

Una violinista toca el instrumento en medio de la revuelta en plena Alameda[2], su ejecución se hace frente a cámara, para el registro, sabiendo que ese gesto poético singular también hará posible la revuelta, será parte de las disputas por los regímenes de lo visible. 

La performance musical se ve interrumpida por un carro lanza gases, “el zorrillo”. La violinista, ahora situada en un extremo del plano es tomada del brazo y sacada del cuadro, hay que escaparse de los gases. Los y las manifestantes corren, luego piden calma, tratan de organizar a la muchedumbre en medio de la represión. La cámara también tiene que salirse de su eje fijo, se mueve de manera desorganizada, porque quien registra tiene que correr, al igual que todos/as, para evitar los gases. La cámara se devela ahora como una “cámara en mano”, un dispositivo liviano, de fácil manipulación que se inscribe en el cuerpo de quien registra y se desplaza con él, participa de la revuelta como extensión del cuerpo. Los y las representados/as y directora son parte de un mismo acontecimiento y de una misma acción, ambos forman parte de la revuelta y tienen consciencia de la importancia de generar imágenes que la vuelvan posible- visible y sensible, ya sea través del registro de la violencia, ya sea a través de captar un gesto singular que trascienda el instante.

La distancia entre el pueblo representado y la máquina que representa se acorta hasta mimetizarse en los movimientos de los pueblos sublevados. La multitud produce sus propias imágenes en la misma acción y con su propia puesta en escena. El pueblo se convierte ya no en algo a ser representando, sino él mismo participando en el proceso de producción de las imágenes.

En otro video se registra una intervención realizada por un grupo de mujeres que se reúne frente a Carabineros en el centro de Santiago de Chile, todas vestidas de negro lucen un ojo vendado en protesta por la violencia ejercida por la policía[1]. Están paradas en silencio, quietas, mirando de frente a los uniformados con angustia, tristeza; ellos con el pecho erguido tienen la mirada altanera, pero no las miran de frente. Las imágenes se montan como plano y contra plano de miradas -mujeres y policías-, el sonido ambiente que se escucha es de flash y usos de dispositivos fotográficos que registran el momento. Ya no es entonces la cámara la que disputa los regímenes de visualidad sino que ahora registra como los mismos actores sociales, el pueblo, lo hacen. En este caso las mujeres -de luto-, cuerpo a cuerpo, ojo a ojo, conscientes que la visión es un campo de disputa imperioso.


[1] “Mujeres de luto: 1 de Noviembre de 2019”, Santiago de Chile. 12:00 hrs. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=hqduMV6G7_0

[1] Los videos de Colectivo Registro Callejero y #Ojo Chile se encuentran disponibles en sus redes sociales y canal de youtube.

[2] “Niña tocando un violín, frente a barricadas del GAM”, grabado domingo 4 de noviembre. Colectivo Registro Callejero. Realización Dominga Sotomayor. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=1qzAlHOcNgE

[1] Disponible en: https://www.cclm.cl/colecciones/memorias-en-movimiento-coleccion-up/