Corpo política feminista

Alejandra Castillo*

La política narra y delimita un cuerpo. Cada narración visibiliza y oculta. No creo estar equivocada al definir a la política como un régimen lumínico, ocularcéntrico. En tal sentido, las filosofías políticas de la visibilidad cuya intencionalidad primera parece satisfacerse en hacer visible -en dar visibilidad- a los que no tienen parte no serían sino que una variación de las historiografías sociales que llamaban a dar voz a los sin voz, ambas posiciones igualmente limitadas y fallidas. Limitación y fallo anudados a la fuerte pretensión de presencia e identidad que parecen presuponer. En tal pretensión, mirada y voz reproducen las coordenadas del régimen de la luz ocularcéntrica. Estas coordenadas vienen describiendo desde antiguo el espacio de lo en común en el dos de la idea luminosa (razón) y el cuerpo pasional (emociones). Lo que enmarca a estas coordenadas es la diferencia sexual natural.

No habría que olvidar que estas coordenadas establecen jerarquías, representan un orden de dominio colonial, racial, sexual. El actual régimen escópico de pantallas no ha debilitado tales coordenadas, por el contrario, las ha vuelto aun más luminosas. No obstante aquello, el archivo de la diferencia sexual que les daba inteligibilidad está en decline. Por archivo entiendo el conjunto de textos, imágenes y tecnologías que definen a una época en su traza hegemónica.

Nuestra época, su archivo, se abre con la posibilidad de la reproducción asistida, en consecuencia, no solo la idea de “filiación” se ha transformado, sino que también nuestra autopercepción del cuerpo se ve alterada. Parte de este archivo -y de esta época- es, a su vez, la sociedad de la imagen. No deberíamos dejar de observar que este archivo es el de las biopolíticas eugenésicas liberales y, también, el de la ordenación mundial gubernamental telemáticamente mediada. Es por este marco (archivo) que toda política del cuerpo (su imagen) corre hoy el riesgo de transformarse en un pliegue de la ordenación de dominio: el cuerpo es lo que está en el centro del cálculo de la política contemporánea. Si es así, si es el propio cuerpo en el que se anuda el cálculo de la política individual-local-global, es ahí donde deben articularse políticas de alteración a este nuevo orden de dominio.

Una política del cuerpo debiese nombrarse, entonces, como una “corpo política”. Una política que explicita en su enunciación lo que siempre ha sido parte de ella: el cuerpo. Más aun debiese nombrarse “corpo política feminista” en lo que ésta se opone a la persistencia conservadora del dispositivo de género heteronormado. Ni luz, ni sombra, ni centro, ni margen. Distinto a ello, una corpo política feminista busca la alteración de las visibilidades, jerarquías y clasificaciones de las coordenadas de dominio del orden político/ visual actual. Para ello, las corpo políticas feministas tienen necesidad de integrar en sus prácticas relatos pertenecientes a otros archivos -otros presentes de luchas olvidadas por las historias de la emancipación- que activen el propio presente alterándolo, transformándolo, liberándolo.

Las corpo políticas feministas saben que con solo volver la mirada hacia los relatos de la emancipación provistos por la tradición política de izquierda no es suficiente. Sus narraciones, prácticas e imágenes en más de un sentido no hacen sino que repetir las coordenadas ocularcéntricas de occidente y, por tanto, repiten su ordenación androcéntrica. Las corpo políticas feministas saben también que invocando el tiempo de la emancipación y el de las utopías se está invocando, a su vez, el tiempo de la humanidad masculina. Es por ello que las corpo políticas feministas se desvían de la línea recta que enhebra tensamente pasado, presente y futuro. No hay un tiempo más allá que conquistar, quizás porque debemos cuestionar la idea de desarrollo ilimitado que supone y el orden de depredación que implica. El tiempo de las corpo política feministas es el tiempo de la revuelta del presente, su mirada siempre mira oblicuamente hacia a los relatos, historias e imágenes con los que se constituyó el cuerpo de la política hegemónica así como también es oblicua cuando se dirige a los relatos de emancipación. Los modos de acción de la corpo política feminista exceden a los modos de la política tradicional. Si el cuerpo está en el centro del cálculo de la política hoy, es en el propio cuerpo donde se plantea el feminismo. No es de extrañar que sea la performance uno de sus modos de acción privilegiados. Habría que advertir que la performance no es la simple comparecencia de “un cuerpo”. Distinto a ello, la performance es un archivo corporal puesto en escena. Una performance feminista es siempre iteración de un archivo -del orden en dominancia que despliega- y su alteración. Es por estas afinidades entre cuerpo, performance y repetición que una corpo política feminista es una intervención en y desde las imágenes cuya posición es, necesariamente, anti-ocularcéntrica.   

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* Filósofa feminista. Profesora titular del departamento de filosofía, UMCE. Este fragmento forma parte del texto titulado Corpo políticas feministas de próxima publicación.