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¡Hágase la Luz! Proyecciones y disputas por lo visible en intervenciones lumínicas durante la Revuelta

Camila Baracat Vergara

“La reflexión es el cambio de dirección de una onda, que, al entrar en contacto con la superficie de separación entre dos medios cambiantes, regresa al medio donde se originó”

Durante los últimos meses hemos sido testigos de la estetización urbana que ha generado la Revuelta en todo el territorio, las transformaciones del paisaje urbano intervenido por los puños del arte callejero, la performance y los cuerpos han confluido en una puesta en escena política de disputa estética que genera otras experiencias de lo sensible. En esa línea acudo a la visibilidad como categoría de análisis crítico y cultural para comprender los modos del ver, del “hacer ver” o del “hacer verse” utilizados en el espacio público para reactualizar  los sentidos de la denuncia en torno a la violencia institucional y de estado.

Al respecto, la relación arte/política propone nuevos desafíos en el contexto actual, donde ciertos aspectos social y colectivamente consensuados de los relatos han sido puestos en cuestión. El caso de las intervenciones lumínicas de DelightLab, específicamente las de su serie “Que sus rostros cubran el horizonte” serie Dignidad 2019 donde proyecta rostros de asesinados durante la Revuelta Popular sobre la superficie del edificio de la telefónica , ocupan de manera efímera el espacio público, con haces de luz que no devuelven imágenes de rostros borrados por la Violencia de Estado posicionando una forma de visibilidad o del “hacer verse” en el espacio público donde el reparto de esa visibilidad también opera bajo las lógicas del poder, ya que en un “sistema basado en el control, nada es dejado a solas por mucho tiempo” (Deleuze 1995:174), menos el paisaje urbano que opera como espacio visual.

Asisto a la experiencia estética de la proyección por tres cuestiones que me parecen esenciales para posicionar el “hacerse ver” en el contexto actual, una es la amabilidad del recurso, el proyector es un dispositivo tecnológico de fácil acceso y uso. Dos, hay un registro de los usos de la luz inherente a las artes visuales que dialoga con estas intervenciones actuales que son política y estéticamente situadas y tres, hay una efectividad del recurso no tan solo por los registros fotográficos de las intervenciones que se sociabilizan rápidamente por diversos espacios de circulación, sino también porque sin duda la Luz desde su dimensión política se ha posicionado como una herramienta de lucha que altera el orden actual del paisaje urbano incomodando las lógicas de poder que hacen el reparto de lo visible en el espacio público. La Censura de DelightLab en Mayo de este año es un claro ejemplo de esto.

La capacidad reflexiva de la luz es la que nos permite experimentar las intervenciones lumínicas de la proyección. En su concepción etimológica, la palabra reflexión procede del latín, formada por el prefijo re- que significa “de nuevo”, “hacia atrás”, flex- que viene del verbo flectere que se refiere a “doblar”, “curvar” y el sufijo -io que indica acción y efecto. La proyección como experiencia estética nos retorna -a través de un gesto político- un rostro construido lumínicamente en un presente en el que ese rostro ya no es parte, nos hace “ir hacia atrás” para “hacer ver” un rostro que fue descontado por la violencia de estado y que sigue siendo censurado por el silencio cómplice del paisaje urbano. En este sentido, los registros de la luz en las disputas  por los regímenes de visibilidad, apelan al reparto de lo sensible, por el derecho a ser vistos.

Por su parte, Sergio Caletti plantea  que lo público estaría marcada no solo por una disputa por lo público sino que también por la visibilidad de lo público, es decir, “el pasaje de una a otra noción de lo que puede y lo que merece ser visible a todos, de uno a otro régimen de visibilidad y, en esa medida, de una a otra constitución de lo público” (Caletti, 2007:24). Resulta interesante en esta línea, comprender el espacio público como un espacio estético, un espacio visual, que alberga disputas por la producción de sentido, y asumir que estas prácticas construidas sobre el estatuto del presente neoliberal, logran poner en cuestión dicho estatuto a través de intervenciones en el régimen visual urbano (que es neoliberal, que es comercial, que es homogéneo) convirtiendo a la luz/proyección en una fuerza estratégica que radica su politicidad en su capacidad de profanar el presente su complicidad con los pactos de silencio, su complicidad con el mercado.

Actualmente el régimen de visibilidad de la política suprime a los sujetos sobrantes plantea Ranciere (2014) , a los sujetos sin parte que buscan hacerse ver en el espacio público que es un espacio destinado a lo común. En este sentido las intervenciones de DelightLab, utilizan la luz como dispositivo que hace irrumpir los rostros de asesinados como forma de tomar parte de una historia que los silencia y de un espacio que los descuenta. ¿ y de qué manera lo hace? a través de un gesto performativo posibilitado por la proyección/luz de rostros que aparecen para sustraerse al presente su estatuto de presente cómplice. Resulta interesante en esta línea, comprender el espacio público como un espacio estético como un espacio visual, que alberga disputas por la producción de sentido, que otorga documento pero también ficción, concibiendo esta última como la construcción figurativa del relato y que se posiciona como un escenario de disputa lumínica a través de la reflexión de luz y de la censura lumínica que se atreve a “borrar” estos actos de denuncia.

A través de la luz el gesto de la imagen se instala muy provocadoramente en el espacio público, en zonas híbridas, muros destinados a la visualidad comercial convirtiéndolos en soportes visuales públicos con un claro gesto de denuncia. La instalación disloca el espacio público al empaparlo de luz/proyección que le arrebata lugar a las campañas publicitarias, por ejemplo. Muy propio de las topografías irregulares del artivismo que construyen una visualidad urbana irregular del espacio público y que circulan por fuera de Museos, Galerías y los circuitos artísticos tradicionales. En este sentido podríamos comprender la proyección como acontecimiento que desajusta un relato visual hegemónico y que disputa con luz los silencios cómplices del presente. Que ocupa espacios destinados a la estética del capital y a la mercantilización de los cuerpos para exhibir demandas en medio de una batalla visual generada no sólo por el avasallamiento de las imágenes sino también por quienes deciden quienes tienen el derecho de “hacer verse”.

El hacer visible la denuncia como forma de arrancarle una parte al reparto de la visibilidad hegemónica, disciplinada y homogénea, sin duda es un acto de politicidad que induce a esa norma a estallar en pedazos frente a la urgencia de la denuncia estética de la proyección. Práctica que maneja una doble temporalidad ya que responde a la urgencia del relato, específicamente durante la Revuelta, y que al mismo tiempo a través de la reflexión nos lleva como espectadores a un “ir hacia atrás” atendiendo a los rostros que ya no están, esa doble temporalidad de ritmo autónomo también quiebra con la temporalidad del paisaje urbano y también desestabiliza la construcción estética de quienes quieren ver a la revuelta en penumbras.

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Bibliografía

Caletti, S. “Repensar el espacio de lo público. Un esbozo histórico para situar las relaciones entre medios, política y cultura”, en Boletín de la Biblioteca del Congreso de la Nación Nº 123. Buenos Aires, 2007.

Deleuze, Gilles. Negotiations, 1972–1990. Columbia University Press: New York, 1995

Ranciere  J. El reparto de lo sensible. Estética y Política. Prometeo: Buenos Aires, 2014