Categorías
Espacio crítico

El policía cibernético: RoboCop y el futuro de la vigilancia policial

por Jackie Wang*

El presente ensayo es una adaptación de una performance multimedia originalmente concebida para el Cinema Cabaret de Los Angeles Filmforum (curado por Konrad Steiner). Fue también performada en el MoMA PS1 en The Return of Schizo-Culture para la ocasión del cuadragésimo aniversario de Semiotext(e). Una versión en video de la performance fue producida para el Whitney Museum of American Art en la exhibición S/N en The Kitchen, con la asistencia del curador Alexander Fleming. Aquel video puede ser visto pulsando aquí.

Crecí con un hermano pequeño que tenía un juguete de RoboCop, nos sentábamos tocando por turnos el botón de la placa del pecho que activaba un discurso electrónico. El RoboCop de juguete tenía tres frases: “Las drogas son un problema”, “¡Suéltalo!” y “Tu turno, asqueroso”. Para el RoboCop de juguete, los criminales eran sus enemigos, pero nosotros también estábamos implicados; éramos aquel “tú”, los destinatarios, los objetivos potenciales. Nosotros éramos los asquerosos en “tu turno, asqueroso” —éramos nosotros, quienes sosteníamos el juguete, y no la corporación Omni Consumer Products, quienes habían usado el cuerpo medio muerto del agente Murphy como materia prima para la creación de un policía cyborg diseñado para limpiar las calles, abrir el camino para el comercio y el desarrollo en una Detroit distópica y sin ley.

Pequeño policía en la caja de juguetes.

Este RoboCop de juguete parecía decir,

Todos son un enemigo potencial.

No consuman drogas, niños, no hagan esa mierda.

De joven, nunca consumí droga alguna. ¿Acaso fue el RoboCop dentro de mi cabeza el que me detuvo de consumirlas? Aún puedo oír el mantra que emanaba de la caja de voz de su pecho: Las drogas son un problema.

Este era el RoboCop de principios de los 90’, no el de 1987. El primer RoboCop salió el año antes de que yo naciera. El RoboCop de antaño estaba en guerra con sus creadores. Seguro, los criminales también era algo contra lo que lidiar; sin criminal, no hay policía. Pero los criminales eran una cortina de humo. En última instancia, eran meros lacayos de los hombres de negocios en traje.

En la búsqueda de la verdad de su origen, RoboCop puso al desnudo una conspiración tecnocrática capitalista.

RoboCop —ingenuo, quijotesco en su creencia que el rol de la policía es proteger la ciudadanía— representa una cierta idea de la policía que circula como un hecho público. Cuando RoboCop fue programado, sus tres directrices principales eran servir a la confianza pública, proteger al inocente, y defender la ley. La cuarta directiva era clasificada: No te metas con tu creador.

Él era un obediente policía, pero mientras se vuelve más humano, aprende que la naturaleza de la vigilancia policial ha cambiado de tal modo que ha perdido su legitimidad moral. Los intereses privados se habían tomado el departamento de policía. Los hombres de la mega-corporación OCP reiteradamente hacían alusiones al futuro del cumplimiento de la ley: sectores públicos anteriormente improductivos como las prisiones y el cumplimiento de la ley en realidad sólo eran mercados sin explotar.

¿Cuál es el futuro del cumplimiento de la ley?

¿Cuál es el futuro del cumplimiento de la ley?

Un experimento tecnológico en vigilancia policial cyborg

Mitad hombre, mitad máquina

Piel y circuitos

Un ensamblaje recombinante

De blandas y duras tecnologías policiales.

Está equipado con artillería como una pistola de mano 9mm y un Cobra Assault Cannon, pero también con un data spike que le permite descargar información desde la base de datos de la policía y comparar rápidamente estos registros con la información que reúne.

¿Cuál es el futuro del cumplimiento de la ley? Es RoboCop. Es el lugar donde la violencia y la coerción de las prisiones y la policía encuentran su blanda contrainsurgencia. Por un lado, la militarización de la policía. Por el otro, cibernéticas formas de control. El viejo Detroit de RoboCop, devastado por los efectos de la Reaganomía[1], se convierte en el campo de prueba de la corporación para las tecnologías de guerra. Hoy en día, la minería de datos y el análisis predictivo trabajan junto a estos instrumentos de fuerza bruta.

Lo que quería hacer era mirar bajo del velo de lo que llamamos vigilancia policial —mirar más allá de los anteojos de la violencia policial, de las imágenes de Ferguson del grupo antidisturbios de la policía lanzando bombas de gases lacrimógenos desde tanques blindados. Lo que quería entender era la diaria incursión de la vigilancia policial en nuestras vidas y cómo la tecnología nos regula, a veces sin nuestro conocimiento. Quería atender a lo intrusivo-invisible contra el contexto de las distópicas proyecciones cinematográficas de lo que la vigilancia policial podría volverse. Porque el futuro del cumplimiento de la ley es ahora.

¿Acaso no lo sentimos alrededor nuestro?

¿No sentimos a través de nuestra sensorialidad que algo anda mal?

Cuando sostengo mi teléfono en mi mano por mucho tiempo, casi puedo sentir un cáncer creciendo en su interior.

¿Pasar por las cámaras del circuito cerrado de televisión muta tu psique?

Acaso escuchas el susurro de la cámara,

Tu cuerpo no es tu cuerpo,

Tu cuerpo es un punto en una cuadrícula,

Una cosa a ser rastreada

O pacificada

O capturada

O marcada

O dirigida para propósitos comerciales.

RoboCop no es el policía cibernético por excelencia, aunque encarna la transición hacia la tecno-vigilancia policial. El policía cibernético no tiene cara. Hoy lo deberíamos llamar CompStat —vive en bases de datos enlazadas. Se extiende sobre el mapa como radiación electromagnética, atmósfera, señales. Es inhalado. Se mueve a través de mí. Me pone a dormir antes de saber que estoy cansada. Me captura en el momento que nunca estoy preparada. Cuando miro hacia la cámara de vigilancia de CVS, noto que mi flequillo está fuera de lugar. Arreglo mi cabello como si el monitor fuera un espejo y no estuviera siendo exhibida.

Soy desintegrada y enviada en pedazos

como información a un servidor.

¿Pero dónde estoy?

Desmembrada,

esparcida por el mundo,

plegada,

escondida

en un polvoriento

archivo

sin aire.

*

En “La Hipótesis Cibernética”, Tiqqun escribe acerca de cómo podemos volvernos un glitch:

Primer gesto, fabrico algo de realidad, desquicio y me desquicio desquiciando. Todo sabotaje comienza ahí. Lo que mi comportamiento representa en ese momento no existe para el dispositivo que se desquicia conmigo. Ni 0 ni 1, soy el tercero absoluto. Mi goce excede al dispositivo. Segundo gesto, no respondo a los bucles retroactivos humanos o maquínicos que intentan rodearme, como Bartleby «prefiero no», me mantengo al margen, no entro en el espacio de los flujos, no me conecto, me quedo y resto. Hago uso de mi pasividad como una potencia contra los dispositivos. Ni 0 ni 1, soy la nada absoluta. Primer tiempo: gozo perversamente. Segundo tiempo: me reservo. Más allá. Más acá. Cortocircuito y desconexión. En ambos casos no hay feedback, hay un detonador de línea de fuga. Línea de fuga externa en un lado que parece salir de mí; línea de fuga interna en el otro lado que me lleva a mí mismo. Todas las formas de distorsión parten de estos dos gestos, líneas de fuga externas e internas, sabotajes y retiradas, búsqueda de formas de lucha y asunción de formas-de-vida[2].

Traducido por Juan Andrés Celis.


*En Carceral Capitalism, Semiotext(e), 2018, pp. 253 – 259.

[1] Políticas económicas neoliberales impulsadas por Ronald Reagan.

[2] https://tiqqunim.blogspot.com/2013/01/cibernetica.html