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De un Empirismo Radical a un Nomadismo Obrero: William James. Parte 1

David Lapoujade

William James se dice un empirista radical. Su filosofía no es, como comúnmente se cree, pragmática, sino empírica. ¿Qué significa ser un empirista radical? Deleuze y Guattari nos dan una definición en ¿Qué es la filosofía?: “Cuando la inmanencia no es inmanente a nada más que ella misma es posible hablar del plano de inmanencia. Tal vez un plano semejante constituya un empirismo radical.”[1] El empirismo radical sería así una operación que consiste en liberar la inmanencia, devolverla al movimiento de suyo propio. Deleuze se refiere a esta operación como empirismo trascendental, a través del cual uno establece un plano de inmanencia, cuando el plano de inmanencia es determinado como un campo trascendental.

            Si James a primeras se denomina un empirista radical, más que un empirista, es porque su interés no está en la experiencia como tal, sino en la experiencia pura. Este es el nombre que William James le da al plano de inmanencia. El suyo es un empirismo radical en tanto que no reconoce lo dado como lo harían los empiristas clásicos, quienes parten de una distribución anárquica de átomos sensibles. Además, el plano de experiencia pura sigue estando conectado para el empirista a la rápida superación, escenario teórico de la tabula rasa; la experiencia es pura en tanto que aquel que sufre está él mismo purificado de toda experiencia: Adán, el recién nacido. Hay, también, otra manera de extraer un plano de pura experiencia la cual consiste en repetir la operación cartesiana de la duda metódica y suspender todas las posiciones existenciales de creencia ingenua -todas las trascendencias-. Uno, así, vuelve a la ya bien conocida fórmula de Husserl en las Meditaciones Cartesianas: “Es obvio que tanto para una egología trascendental-descriptiva, como para una pura psicología interior -la que necesariamente ha de realizarse como disciplina psicológica fundamental descriptiva, sacada de la experiencia interior (y realmente en forma exclusiva)-, no hay otro comienzo sino el del ego cogito”[2]. Sin embargo, esta duda siempre es llevada a cabo de acuerdo con una certeza esencial de la cual ésta es el anverso. Inevitablemente, el momento llega cuando la duda se da vuelta para establecer como principio primero el ‘yo pienso’, del cual su poder constitutivo estaba manifestado en su poder de suspensión.

            ‘Puro’, de esta manera, llega a significar algo diferente. Ya no se dice de las personas sin experiencia -como Adán o el recién nacido- como era el caso del empirismo clásico, ahora se dice de un campo purificado por la duda de todos los asuntos relativos a una psicología empírica. De hecho, ‘puro’ designa aquello que subsiste después de la reducción fenomenológica. Puro es dicho de todas las experiencias vividas consideradas desde un punto de vista inmanente. De esta manera hay experiencia pura, pero también una pura expresión y una conciencia pura. Esta es la misma operación que se puede encontrar en Kant, aunque llevada a cabo de acuerdo con principios diferentes que producen distintos resultados: puro designa la determinación de las formas independientemente de su contenido empírico. Lo puro es identificado con formas a priori con el fin de poner la materia en el lado de lo empírico, de lo condicionado, de la experiencia[3]. Uno parte con las formas puras, las que después son llenadas por contenidos materiales o con esencias las que varían según los ejemplos. Si la fenomenología puede ser legítimamente llamada trascendental es en virtud de repetir el procedimiento kantiano, pero bajo una forma aún más compleja, menos visible, como Husserl lo hace menos aparente que la pareja empírico-trascendental -y el cómo ésta se acopla de manera estricta a la pareja materia/forma-. En general, puro, de esta manera, significa que las formas son puestas en el plano trascendental, constituyéndose o bien a priori, o en el campo de las experiencias inmanentes vividas.

            Las descripciones que James da de la experiencia pura nos llevan a la siguiente pregunta: ¿Por qué Kant y Husserl han fallado al examinar las formas? ¿Por qué no las han examinado si las formas del ego, el sujeto, el objeto, la imaginación, la intencionalidad, son puras? ¿Puede, uno, poner estas formas en el plano trascendental sin mayor examinación, sin dar cuenta de aquello a lo que comprometen a uno? La pregunta parece más que justificada al grado que estas formas, aunque reorganizadas, graduadas o reducidas, son cada vez dobladas por la psicología empírica de la cual uno trata de escapar[4]. La psicología es reprochada por su empirismo y naturalismo cuando, en vez, debería ser atacada por dibujar estas falsas distinciones. Todo ocurre como si lo trascendental fuera una psicología purificada. En cierto sentido, para Kant y Husserl, las formas son puras en tanto que formas – una presuposición fuertemente aristotélica-tomista-.

            Dadas estas condiciones, ¿cómo puede James sostener el concepto de experiencia pura mientras que, sin embargo, declara su empirismo radical? La experiencia pura no encuentra cabida en el ego de la conciencia pura. Al contrario, siguiendo lo que Deleuze escribe en uno de sus textos más densos, Inmanencia: Una vida …, uno debe empezar con un mundo en el cuál la conciencia no está revelada aún, aunque es co-extensiva con el campo trascendental en su totalidad.[5] Uno no puede establecer aún distinciones de cualquier naturaleza: ni subjetivas ni objetivas. De igual manera, en James, uno debe empezar por un campo ilimitado en el cual las distinciones dualistas, mundo físico y psíquico, deben aún ser hechas, el mundo del pensamiento y el mundo de la materia, sujeto y objeto, deben ser diferenciadas, y no pueden ser hechas -las distinciones- sin que la experiencia deje de ser pura, sin que se pierda la inmanencia. Es el campo de experiencia en su estado puro. No es el campo de nadie, o mejor, no está dado por nadie. Pero, uno podría objetar, ¿cómo puede haber experiencia sin una conciencia o un subjeto que sirva de sustrato? ¿No debería uno postular estados larvales de un sujeto y un objeto? ¿Acaso James no remarca que la experiencia pura “es conciencia y es de lo que estamos conscientes”?[6] La experiencia, por lo tanto, debe ser entendida en un sentido muy general: la experiencia pura es el ensamblaje de todo lo que está relacionado con otra cosa sin que necesariamente haya una conciencia de este ensamblaje. Uno encuentra algo de este uso del término ‘experiencia’ en la expresión común ‘tener experiencia (de algo)’, por ejemplo, la experiencia de la cristalización del sodio y el cloruro. Ciertamente somos nosotros quienes estamos teniendo experiencia de las cosas, pero la experiencia no se predica de nosotros, sino de las cosas que están bajo una relación: es el cloruro y el sodio los que se cristalizan; son ellos de quienes con derecho se puede hablar de la experiencia de cristalización. En tanto que pura, la experiencia puede ser dicha de ‘sujetos’ y ‘objetos’ (en cierto sentido, dado que aún no estamos frente a ninguno). Uno debe empezar por un campo en el cuál la experiencia es virtualmente subjetiva u objetiva, indistintamente mental o física, pero además originariamente ni la una ni la otra. Esto significa que se debe liberar el flujo de experiencia de las categorías frente a las que tradicionalmente se nos divide. En este sentido, estamos verdaderamente lidiando con la experiencia pura. “Puro” no significa purificada de todo elemento material, sino de forma. O mejor, subraya una realidad intermedia fuera de toda relación materia/forma.

            Lo que el empirismo radical cuestiona -y la que de paso constituye la base de las filosofías trascendentales de Kant y Husserl- es el esquema hilemorfista. James se ha puesto un objetivo similar en relación con la psicología: liberar el flujo de conciencia, de las formas de la psicología tradicional.  Sin embargo, James no busca revertir la primacía de la forma por sobre la materia en virtud de permitir una materia sensible, liberada, para que fluya en la manera que los empiristas lo han hecho. Fuera de esta relación, hay una realidad intermedia que se despliega a sí misma, ni materia ni forma, fuera de la realidad material y física. ¿Qué es esta realidad intermedia? “Hay, escribía James, solo un primer material en el mundo, uno a través del cual todo está compuesto, al que llamamos ‘experiencia pura’”[7] El plano de inmanencia no es una materia sino un material. Ahora bien, un material que no permite ser concebido bajo la relación materia/forma, como tampoco puede ser subsumida en las categorías sujeto/objeto, materia/pensamiento, etc. Es directamente físico-mental. Material, en este sentido, no es Materia, ni Pensamiento, aunque es la materia prima de ambos.

            De hecho, Material no es materia ni a la vez es lo informe. Está ya atravesada por relaciones, como un tejido[8] atravesado por fibras, por líneas. La imagen de tejido es recurrente en James. Hay un tejido de experiencia pura – Deleuze y Guattari ya lo escribían: “Es por lo que siempre hay muchos movimientos infinitos entrelazados unos dentro de los otros, plegados unos dentro de los otros, en la medida en que el retorno de uno dispara otro instantáneamente, de tal modo que el plano de inmanencia no para de tejerse, gigantesca lanzadera” [9]Como para ellos el plano de inmanencia es definido como “Uno-Todo ilimitado”[10], en James la experiencia pura es presentada como un ‘monismo vago’[11]. El término monismo no debería extraviarnos: acá realmente estamos lidiando con un pluralismo, aunque todavía virtual, el mundo de la experiencia pura aparece como un tejido de relaciones entrelazadas, superpuestas, de eventos plegados. Podemos, incluso, verla como la imagen empirista del caos, la de un ilimitado número de posibles y virtuales relaciones (como en Hume, cuando pone al caos en la imaginación y formula su principio general: cualquier cosa puede producir cualquier cosa)

            Sin embargo, estas relaciones y eventos son, de hecho, virtuales; deben ser sufridas en una experiencia. Aquello que distingue la experiencia de la experiencia pura es, precisamente, la actualización de estas relaciones en el material. La experiencia es un camino, o una serie de caminos, que siguen un número relativo de relaciones. Si la conciencia se revela como un flujo, lo hace en tanto que está siempre en el proceso de seguir líneas, de crear su propio camino.

Traducción al español, Martín Díaz Lagos


*Este artículo fue publicado por primera vez en E. Alliez, ed., Gilles Deleuze. Une vie philosophique (Synthelabo, 1998) Esta es una traducción al español de la traducción al inglés que hizo Alberto Toscano, publicado en la revista Pli 9 (2000), p. 190-199

[1] Deleuze, G., Guattari, F., & Kauf, T. (2001). ¿Qué es la filosofía? Barcelona: Anagrama. Pág. 46

[2] Husserl, E., Gaos, J., & Baro, M. G. (1986). Meditaciones cartesianas (Vol. 12). Madrid: Tecnos. §16

[3] “… Por ello, la materia de todo fenómeno nos viene dada únicamente a posteriori. Por el contrario, la forma del fenómeno debe estar completamente a priori dispuesta para el conjunto de las sensaciones en la mente y debe, por ello mismo, ser susceptible de una consideración independiente de toda sensación.” Kant, I. (2007). Crítica de la razón pura. Colihue. Estética Trascendental, §1, B34/A20

[4] Este aspecto ha sido ampliamente comentado. Fue enfatizado por primera vez por Sartre cuando le reprochó a Husserl redoblar lo psíquico. Yo con un Yo trascendental (revisar La transcendence de l’ego, Vrin, I, A, p.19-20); posteriormente por M. Dufrenne en sus páginas sobre el rastreo de Kant de las facultades de la psicología empírica de Hume, y el formalismo de Husserl. Ver La notion d’a priori, PUF. Sobre el rastreo Kantiano, p. 20-21. Sobre la primacía de la forma en Husserl, p.90-91; 94. Finalmente, es en los textos de Deleuze donde encontramos el propósito de establecer un empirismo trascendental que no podría ser rastreado desde las formas empíricas, lo que es otra forma de decir que la inmanencia no puede referir a nada sino a ella misma. Ver Diferencia y Repetición (2002). P. 143-144

[5] Teoría, Cultura y Sociedad 1997 Vol. 14 (2), p.3: “… por cuanto la conciencia atraviese el campo trascendental a una velocidad infinita, donde todo es difuso, no hay nada que ella pueda revelar. Se expresa a sí como un hecho, solo por reflejarse en el sujeto, el que, a su vez, refiere a objetos. Es por eso, que, el campo trascendental no puede ser definido por la conciencia, la que es, sin embargo, co-extensiva a ella, pero se retrae de toda revelación”

[6] Ensayos manuscritos y notas (Harvard University Press, 1988), p.18, 4. #4459.

[7] Ensayos de Empirismo Radical (Harvard University Press), p.4. En este estudio sobre Leibniz y el Barroco, Deleuze muestra, a través del trabajo de Dubuffet, que Leibniz sustituye la relación material-fuerza por materia-forma. “La materia que revela sus pliegues deviene fuerza. La pareja material-fuerza, en el Barroco, sustituye a la materia y la forma (siendo las fuerzas primitivas del alma) Deleuze, G., Vázquez, J., & Larraceleta, U. (1989). El pliegue. Barcelona: Paidós. P. 51.

[8] [N. del T.] he decidido traducir fabric por tejido dado que mantiene la potencia en sus próximos usos y apariciones en el artículo, donde se hablará de la noción de patchwork en Deleuze.

[9] Deleuze, G., Guattari, F., & Kauf, T. (2001). ¿Qué es la filosofía? Barcelona: Anagrama. p. 41

[10] Ibid. p. 38

[11] James, W. Ensayos de Empirismo Radical (Harvard University Press) p. 113