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Espacio crítico

De un Empirismo Radical a un Nomadismo Obrero: William James. Parte 2.

David Lapoujade

Así, de acuerdo con la primera dimensión, el proceso cognitivo consiste en el seguimiento de líneas, de relaciones virtuales inscritas en el material, es decir, consiste tanto en crear un camino y en las múltiples dimensiones de éste. El primer elemento es la línea o series constituidas por la cognición, yendo de un relativo primer término a una conclusión provisoria. La cognición es ambulante. James opone dos tipos de cognición: la saltante y la ambulante. En la primera, se parte de la inmanencia de un sujeto que debe, como si fuera, plegarse sobre sí dentro de un Absoluto o en un campo trascendental para poder relacionar el objeto a sí. La cognición saltante procede de esta manera porque vacía series de sus intermediarios[1]

            James reemplaza este tipo de cognición con otra cuya naturaleza es precisamente atravesar, una y otra vez, la serie entera de intermediarios, o contraerla en un hábito: estamos frente a la así llamada cognición ambulante. Como establece James, “Mi tesis es que el conocimiento acá está hecho por el movimiento a través del cual las experiencias intervienen … Las experiencias intermedias son, así, cimientos indispensables para una relación sólida de la cognición, como el espacio intermedio lo es para una relación de distancia. La cognición, como sea que la tomemos, significa, concretamente, movimiento ‘determinado’”[2] Entonces, así, uno se referirá, por convención, al primer término de la serie como sujeto, para subrayar la llegada del objeto, pero por contracción, sin de esta manera ignorar los intermediarios que llegan a ganar su propia consistencia[3]. Referirnos a este proceso como ambulante no implica que la cognición sea necesariamente presa del error, sino, más bien, subraya su carácter móvil, de enlaces sucesivos, siguiendo expresiones que son recurrentes en James. Saber es atravesar las relaciones que permean la experiencia pura.

Saber es examinar– como en el Tratado de Nomadología, de Mil Mesetas, sobre la máquina de guerra, donde Deleuze y Guattari, tomando ventaja de Simondon, muestran que el artesano no está atrapado en la relación materia/forma, sino que sigue a la materialidad, la cual éste modula[4]. La primera imagen, es la del artesano como examinador, quien no deja de ser artesano para hacerse trabajador, a menos que la deambulación que sigue los movimientos y variaciones del material –lo que Deleuze y Guattari llaman filum maquínico– sea interrumpida. En este sentido, seguir líneas ‘materiales’ es detectar las funciones que ellas contienen, para así, hacer funcionar al material. James, entonces, reemplaza el esquema materia/forma con uno sobre el material/función.

            Cuando nos preguntamos cómo las líneas son formadas es cuando aparece la segunda dimensión. Para las líneas, hay muchos enlaces que crear de un término a otro. Como James subraya, “La idea por sí sola no completa el movimiento, sólo funciona en conjunción para enlazarla, completa o aproximadamente”[5]. Lo ambulante se mueve de un lado a otro a través de enlaces sucesivos. El conocimiento crece a través de la suma de fragmentos. El segundo elemento, posterior a la línea, es el fragmento. A través del seguimiento de líneas, la conciencia se construye tanto como se revela. Y lo hace agarrando fragmentos y enlazándolos. La conciencia es un flujo, pero un flujo que nunca para de contraerse en campos o ‘pulsaciones’, los que, a su vez, aferran los elementos de la percepción, volición, emoción y pensamiento. Un fragmento es simplemente un campo, que es a la vez autoconsciente y auto-coalescente. Las percepciones, los pensamientos y emociones son tratadas como fragmentos. El flujo de conciencia es como un desfile de fragmentos, heterogéneos en sus motivos, homogéneos en su tejido. La materia textil de la experiencia pura es un material compuesto. Aunque continuo y homogéneo, no obstante, sus fragmentos están entretejidos en modos distintos.

            Obviamente, así, llegamos a la definición que hace Deleuze del pragmatismo americano, el patchwork. Como se lee en Crítica y Clínica, en el ensayo sobre Melville: “Ni siquiera un rompecabezas, cuyas piezas al adaptarse reconstruirán un todo, sino más bien una pared seca de piedras libres, no cimentadas, donde cada elemento vale por sí mismo y en relación con los demás (…) no un vestido uniforme, sino una capa de Arlequín, incluso blanca sobre fondo blanco, un patchwork de continuación infinita, de empalmes múltiples (…) el invento americano por antonomasia, pues los americanos han inventado el patchwork, de la misma manera que decimos que los suizos inventaron el reloj de cuco.”[6] Hay una ‘tela’ de experiencia. La conciencia literalmente consiste en construir un patchwork; funciona en fragmentos. Es por esto, que, James constantemente invoca un tejido experiencial como un material textil. Cosemos o tejemos los fragmentos de nuestra experiencia, juntas la una a la otra, a través de las series intermediarias. Como sugiere James: ‘La experiencia en sí misma, tomada en grueso, puede crecer por sus bordes. Ese momento prolifera al siguiente a través de transiciones las que, sean conjuntivas o disyuntivas, continúan el tejido experiencial, y no puede ser contenido o negada. [7]

            Pero no es solo el conocimiento y la conciencia los que están construidos como patchwork, en conjuntos. Es el mundo en su totalidad el que teje un patchwork gigante. En este sentido, James habla de una filosofía mosaico. Hay un número incalculable de redes, superpuestas la una a la otra, las que forman una trama. Como escribe James, “estamos constantemente añadiendo conexiones a las cosas, organizando sindicatos, estableciendo sistemas postales, consulares, mercantiles, ferroviarios, telemáticos, coloniales y otros que nos unen a las cosas en reticulaciones cada vez más anchas … Desde el punto de vista de estos sistemas parciales, el mundo se sostiene en la unión en una variedad de niveles”[8]. En vez de la idea de un Todo concéntrico que une todas las partes, James sustituye un mundo abierto compuesto de fragmentos o sistemas –multiplicidad y ‘pequeños mundos’ auto-consistentes.[9]

            El problema del patchwork o de la filosofía mosaico alcanzará su extensión en los años ’20 en el trabajo de la escuela de Sociología de Chicago. La ciudad es descrita como una realidad fragmentada a través de la diversidad de barrios, los pequeños –y aislados- mundos que acogen poblaciones inmigrantes, y las juntas anónimas de individuos nómades. Como señala Park, “los procesos de segregación establecen distancias morales las que hacen de la ciudad un mosaico de pequeños mundos, tocándose sin imbricarse. Esto le da a los individuos la posibilidad de pasar rápida y fácilmente de un ambiente moral a otro y alienta esta fascinante, aunque peligrosa, experiencia que consiste en vivir en distintos y heterogéneos mundos, contiguos, pero diferenciados”[10]

            Pero siguiendo la otra dimensión, siguiendo el nudo de líneas, el mundo no forma un patchwork enorme, sino una trama gigante. Línea y fragmento, red y patchwork, son los dos grandes ejes de la construcción de experiencia y del ensanchamiento del mundo. El mundo aparece como un nudo de relaciones: por ejemplo, la luz como línea de influencia, el espacio como una relación de entrelazamiento, el tiempo como una relación de envoltura, y la línea de la conciencia, cuyo camino progresa a través de las líneas anteriores. Así es como se debería partir siempre: con una multiplicidad de relaciones las que están entrelazadas y superpuestas las unas con las otras, en todas las direcciones, revelándose a sí a medida que uno las sigue. Debemos citar, nuevamente, a James:

Hay innumerables tipos de conexiones que cosas especiales tienen con otras cosas especiales; y el ensamblaje de cualquiera de estas conexiones forma una suerte de sistema por el cuál las cosas son unidas. Así, las personas son unidas en una vasta red de conocimiento. Brown conoce a Jones, Jones a Robinson, etc.: y al escoger a tus intermediarios de manera certera podrías llevar tu mensaje desde Jones hasta el emperador chino, o el jefe de los pigmeos africanos, o a cualquiera que habite el mundo. Pero rápidamente uno es detenido, por un no-conductor, cuando se escoge de forma errada a una persona en este experimento[11]

El pensamiento de James es como una novela de Dos Passos, las que describen la superposición de conexiones, de trenes, marítimas y redes aéreas, mezclándolas con biografías humanas y fragmentos de amoríos, una gran novela sincrónica de itinerarios simultáneos y superpuestos. Uno debe pensar del mundo tanto como un gran tejido, compuesto conjuntivamente, y como un sistema de redes: patchwork y network.

            Si la filosofía que salió del pragmatismo es quizá la filosofía americana por excelencia, uno deberá juzgar sin duda que así es el caso en tanto que piensa las relaciones como grandes sistemas de redes indefinidamente construibles que se imbrican en todas direcciones, así anticipando los grandes avances del S. XX en redes comunicacionales, expendiéndose de una ciudad-mosaico a otra. Pareciera que no estamos tan lejos de coincidir con la definición tradicional del pragmatismo, la que lo lee como una promoción de los valores comerciales y capitalistas norteamericanos. No obstante, y de acuerdo con James, el filósofo no deja de ambular entre estas vastas redes; él, así, se asemeja mucho más a un trabajador nómade (o a un artesano de Mil Mesetas) que a un empresario. La filosofía de James acerca mucho más a una capa social precarizada, las de los vagabundos (cuyos modos de vida ya fueron descritos por la escuela de sociología de Chicago). Ellos constituyen el inmenso flujo disperso de trabajadores migrantes que atraviesan Estados Unidos -y el mundo-, desde Chicago a la costa oeste, dependiendo de la disponibilidad laboral según las temporadas, quienes se organizan en sociedades locales temporales: “Hobohemia”: “El veterano de la calle siempre se encuentra con otros veteranos ahí, el rebelde incurable encuentra su alter ego, el radical encuentra optimismo, el convicto encuentra al alcohólico, siempre se encuentra a alguien a través del cual se consigue escucha y comprensión (…) Se encuentran, cruzan sus caminos” [12]. Son radicalmente distintos a los pioneros americanos –primeros migrantes– en tanto que éstos son inseparables de los movimientos de la economía capitalista americana, alternando entre periodos de expansión y agudas crisis, donde la extendida práctica del despido es combinada con la gran movilidad del trabajo manual. Este ritmo acelerado contribuye tanto a inestabilidad laboral, y la movilidad forzosa, como a un ‘nomadismo obrero’. Nos encontramos verdaderamente de cara a lo que Nels Anderson llamaba ‘dromomanía’. “Esta necesidad se apodera de nosotros sin previo aviso. Tenemos al auto, al tren, al barco de vapor, al avión –la función esencial de ellos es satisfacer nuestras tendencias errantes.”[13] Estos ya no son trabajadores sedentarios, es más, ya no se acepta el control de los sindicatos a distancia. Ellos son intervalos, en cierta manera, entre dos Fronteras, entre la frontera de las primeras comunidades pioneras (que alcanzaron el Pacífico en 1850) y la frontera de la industrialización (que completó su expansión para 1920). Son ellos quienes atraviesan el país de forma ambulante y que viajan en la red de conexiones en todas las direcciones posibles. Ellos viajan un fragmento del camino y van desde transiciones a estadías temporales, como los personajes de las novelas de Jack London. Es así como, de una manera curiosa, la filosofía de James puede aplicarse tan bien a la filosofía del capitalismo americano.

Traducción al español, Martín Díaz Lagos


*Este artículo fue publicado por primera vez en E. Alliez, ed., Gilles Deleuze. Une vie philosophique (Synthelabo, 1998) Esta es una traducción al español de la traducción al inglés que hizo Alberto Toscano, publicado en la revista Pli 9 (2000), p. 190-199

[1] “Primero vaciamos la idea, el objeto y los intermediarios de todas sus particularidades, para así solo enfrentarnos al esquema general, y de ahí consideramos a los últimos sólo en función de dar un resultado, y no en su carácter procesual (…) En otras palabras, los intermediarios, los que en su concreta particularidad forman un puente, se evaporan idealmente en un intervalo vacío por cruzar”. El significado de la Verdad (Harvard University Press, 1975), p. 81

[2] Ibid., p.80-81

[3] La independencia relativa de los términos intermedios es uno de los rasgos esenciales del nomadismo de Deleuze y Guattari. “Un trayecto siempre está entre dos puntos, pero el entre-dos ha adquirido toda la consistencia, y goza tanto de una autonomía como de una dirección propias. La vida del nómada es intermezzo. Deleuze, G., Guattari, P. F., & Pérez, J. V. (2004). Mil mesetas. Pre-textos. P. 384-385

[4] Ibid., p. 412. Uno notará que la materialidad es definida en términos similares a los que James usa para describir el material.

[5] El significado de la Verdad, VII, p.264

[6] Deleuze, G. (1997). Crítica e clínica. Editora 34. Pp. 138-139.

[7] Ensayos de Empirismo Radical, p.42.

[8] Algunos problemas de Filosofía (Harvard University Press), V, p.69

[9] Pragmatismo, IV, p.67. “El resultado son innumerables pequeños entrelazamientos de las partes del mundo dentro de los grandes entrelazamientos, pequeños mundos no sólo discursivos, sino operacionales, dentro de un universo mayor”

[10] Citado de Hannerz, Explorer la Ville (Edición de Minuit), pp.43-45

[11] Pragmatismo, IV, p-67

[12] Revisar Le hobo, Sociologie du Sans-Abri, por Nels Anderson, Nathan, 1993, prefacio por O. Schwartz

[13] Ibid., p.106