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Espacio crítico

Perspectivas para una informática materialista: una entrevista con Donna Haraway

Por Donna Haraway
[Trad. Juan A. Celis]

Esta es una breve adaptación de una entrevista realizada, el año 2003, por Lisa Nakamura a Donna Haraway. En ella cuestiona nuestros conceptos de raza, clase, género, velocidad e información, a partir de su particular lectura del cyborg. Situados, de este modo, en los movimientos que desarticulan el código binario que encanta al pensamiento occidental, la presente traducción es un intento por comprender cuestiones generales y, a la vez, fundamentales que sirvan de primeros materiales para una posterior lectura de sus obras. Las cuales, sumergidas en una abundante producción complementaria dispar y comentarios ásperos, muchas veces recuperada en lecturas contradictorias que atentan contra el lugar de enunciación que la autora se esfuerza por mantener, están siendo cada vez más estudiadas y recepcionadas con más cuidado y atención en nuestro presente uno cada vez más incierto.

D: ​Preguntas por qué el cyborg no ha sido discutido en términos de su especificidad de relación con las mujeres de color, especificidad de clase, circunstancias nacionales, etc. Pienso que hay mucho que decir al respecto. Por ejemplo, la tecnología y especialmente la así llamada “alta tecnología”, es teorizada en la historia de la filosofía, en la historia de la tecnología, en las políticas nacionales e internacionales, en términos de la relación entre dos categorías universales —humano y máquina— como si estas categorías fueran histórica y culturalmente neutras. Por ejemplo, leí un artículo del New York Times en la “Science Times” la semana pasada, donde los investigadores en robótica del MIT eran entrevistados acerca de su última generación de robots que pueden aprender. Estos robots son discutidos en términos de estas categorías universales —humano y máquina— y ni la máquina ni el humano son interrogados mediante un análisis situado material-semiótico del tipo: ¿Qué tipo de relacionalidad ocurre aquí y para quién? ¿Qué tipo de humanidad se está haciendo en esta relación con los artefactos, entre sí, con los animales, con las instituciones? ¿Cómo desalojar la categoría universal a la situacionaliad de los actores, ambos humano y no-humano? Así que ni el humano ni la máquina deberían ser teorizados en estas vías universalistas; sino más bien, qué tipos de humanidad y maquinidad se producen a partir de aquel tipo de relaciones materiales-semióticas. Pensando en los mundos de información, o mundos cyborg, en la medida en que el mundo cyborg es una figura para mundos de información, lo que quiero saber es cuáles son las específicas circunstancias materiales para los diseñadores, los creadores, los usuarios, los comercializadores, los soñadores, los performadores, los músicos, la cultura pública, la gente de salud ocupacional. ¿Quién está en estos mundos, dónde están los actores humanos y no-humanos, y qué dicen sus relaciones acerca de la construcción del mundo? De modo que en ningún punto del sistema estamos usando estas categorías pseudo-universalistas como hombre y máquina, o humano y máquina. Si lo hacemos de tal modo, cuestiones sobre raza y justicia, sin un análisis interseccional de posición racial, que también conlleva asuntos de edad, estado marital, ubicación nacional y de clase —esto es, cómo todo esto figura en interacción con ambos seres humanos y máquinas— serían dadas por sentado desde el inicio. De modo que estamos siempre implicados dentro de mundos materialistas semióticos complejos y no dentro de estas categorías universales.

L: ​Es interesante para mí, dado que hay muchas y diferentes tipos de entidades en juego que son deconstruídas por el cyborg, que algunas han sido asumidas con mucho entusiasmo, especialmente las de género, si embargo otras no.

D: ​Sí. Algunas comunidades han aceptado algunas de las cosas relacionadas con el género, pero incluso ahí me parece que esto ahí acaba, el género todavía termina significando mujeres en lugar de comprender los sistemas de significados y políticas sexualizadas que atraviesan estos mundos. Y también parece —esto es algo al margen, pero creo que nos ayuda a pensar en el mismo conjunto de preguntas— que hay una forma de pensar cualquier tecnología que tiene el mismo efecto funesto que estas categorías universales de humanos y máquinas, que es pensar en términos de costos y beneficios. Y si puedes realizar un balance de contabilidad económica, una auditoría, puedes auditar una tecnología para determinar el costo aquí, los beneficios allá, quién obtiene qué costos, quién obtiene qué beneficios, etc. Se maneja como un problema contable. Pienso que esto es un error terrible, o, más bien, es una pequeña cantidad de trabajo que debería venir después de hacernos preguntas como: “¿Qué clase de mundo es este?”. Literalmente, preguntas ontológicas: ¿Qué clase de entidades existen aquí y con qué tipo de relacionalidad? ¿Cuáles son las prácticas aquí? Un análisis de costo-beneficio básicamente toma una tecnología dada y luego intenta evaluar el costo y el beneficio; no pregunta las condiciones de existencia del mundo mismo. Y el mundo vivo no es la tecnología en un sentido estricto —es un conjunto completo de prácticas material-semióticas que hacen que las vidas sean de esta manera y no de otra.

L: ​Pienso en la metáfora de la brecha digital, que es lo que escuchamos ahora para explicar algunas de las desigualdades en el acceso a la cibercultura, sea lo que sea que esto signifique, que se puede entender en la línea que si todos están on-line entonces todo estará bien. Por un par de razones, una es que creo que el ciberespacio se ve como un bien inmediato, y la otra razón es que una vez que una audiencia de cualquier grupo en particular, ya sean negrosnativos americanos, etc., hayan sido completamente penetrados por el nuevo medio o la nueva tecnología, se ve como un beneficio.

D​: Permíteme traer una idea desarrollada por Leigh Star. Ella escribió un artículo sobre qué ocurre básicamente cuando piensas en el mundo desde el punto de vista de las personas que tienen que vivir relacionadas a estándares bajo los cuales no entran y no pueden cumplir. Entonces no tienen la opción de simplemente estar en otro lugar —no olvidemos que estos estándares existen porque debemos vivir en relación a ellos de una manera u otra. Pienso que la informática es de este modo, a nivel global. Virtualmente nadie en el planeta no es tocado por el dominio de estos sistemas tecno-económicos. Significa que las vidas deben vivirse en relación a estándares que no son los propios pero que tampoco se pueden ignorar. ¿Qué ocurre si comenzamos a pensar en la tecno-ciencia desde el punto de vista de quienes no caben pero que tampoco pueden simplemente irse?

L​: Ahora teoréticamente, la web ofrece un camino diferente —la web clama ser no-binaria, clama dar elección a los usuarios y creo que hay algo de verdad en ello. Una dicotomía que quería dirigir viene de una experiencia personal: crecí en Cupertino, y tú escribes elocuentemente acerca de la cultura del Silicon Valley, en particular de la cultura de la cual no se escribe generalmente en el New York Times, no es dot.com, en aquel sentido estereotipado, sino más bien de la vida de las personas que trabajan en las fábricas de chips.

D​: O proveedores de servicios, como conserjes.

L​: La gente que vacía los botes de basura, la gente que….

D​: Toda la gama de personas que hacer posible este sistema

L​: Cierto. Y parece que estas personas son justamente el cyborg de la manera en que lo postulas —tal como el cyborgde quien programa o navega en la web o se involucra más visible o aparentemente en las actividades digitales.

D​: Exacto. Quería usar la noción de cyborg como ese mundo —esa emergente variedad de formas de vida— que incorpora personas en todo tipo de posiciones, no sólo diseñadores y usuarios, sino creadores, rechazadores, limpiadores, todo el conjunto de vidas que existe dentro de este sistema tecno-social.

***

D​: Creo que mi trabajo es un Rorschach. Parte de ello se debe a que mi escritura es realmente estratificada, evocativa, figurativa, y regularmente llena de contradicciones a veces deliberadas y a veces gratuitas. No tiene realmente el sentido dominante de un argumento sencillo. En parte porque lo que estoy intentando hacer es escribir complejidad, y eso es una elección deliberada. La complejidad en la escritura significa que las personas pueden tomarlo en diferentes direcciones. Por otro lado, creo que hay una especie motivada de negatividad a reconocer el análisis racial, a reconocer el análisis de los sistemas de desigualdad y de explotación que atraviesan mi trabajo todo el tiempo. Hay quienes, que considero abrumadoramente aliadas dentro de la izquierda anti-racista y feminista, también consideran mi trabajo como parte del enemigo, como parte de haberme vendido a la tecnocultura. Creo que son sordos a la crítica por lo que ven como placer. Y el placer es real. Luego, en el otro lado, hay quienes leen mi trabajo como una especie de ciber-feminismo, que es bastante diferente de lo que estoy haciendo; quienes no quieren oír nada acerca del sufrimiento sistemático construido dentro de estas formas de vida, y quienes quieren oír sólo la emergencia, una especie de emergencia trascendente, o algo como eso. Creo que ambas lecturas son altamente erróneas.

L: ​Creo que podrías tener un interesante texto acerca de la enseñanza del ensayo de Donna Haraway, porque a menudo los estudiantes se desconciertan por tu ensayo, y tienden a hacer, como dices, una respuesta Rorschach al mismo, y esperan hacer una celebración del cyborg porque es el término que pones en juego. Nadie puede entender por qué inventas un término y luego no lo desfilas por la calle con una cinta roja, por así decirlo.

D​: Me apropié del “cyborg” del lenguaje de la carrera espacial, básicamente, e intente rehabitarlo, hacer trabajos más interesantes sin negar ni por un minuto la manera en que los mundos cyborg son parte de una ciencia nacional permanentemente militarizada, parte de los sistemas del capital tardío, parte de nuevas y viejas formas de profunda desigualdad. Sin por un minuto olvidar todo eso. Pero también me niego a escribir de una manera piadosa: “sólo veo maldad en el mundo”. El “Manifiesto” es un intento por habitar con mayor complejidad los cyborgs, pero como anti-racista y feminista de izquierda. Y una persona de una generación en particular, de una generación posterior a la Segunda Guerra Mundial, y una persona cuyo propio acceso a la educación se debe directamente a Sputnik —que pagó dinero a las niñas católicas irlandesas para obtener una educación. Es el tipo de intento de ser consiente de dónde una está en la historia. Me atraen mucho más los artistas en un amplio sentido, quienes a menudo entienden lo que estoy haciendo tanto de manera crítica como en términos de cosas que afirman la vida, no es que la crítica no afirme la vida, sino que aquello no es toda la historia. Los artistas me atraen mucho más de esa doble manera que los teóricos críticos o la gente que escribe con un tipo de retórica muy diferente.

L: ​La imagen en la portada de Simians, Cyborgs and Women —anotaste en la introducción que la raza en el ciberespacio es algo de lo que no se habla, a pesar de ser un tipo de imagen particularmente híbrida racialmente hablando.

D​: La imagen en Simians, Cyborgs and Women es una “mujer de color”, en cierto sentido, pero no una mujer americana de color. En otras palabras, la especificidad importa; “mujer de color” puede convertirse en una categoría universalista engañosa con la misma velocidad que la categoría de “hombre” o de “mujer”, porque pueden hacen pensar que un conjunto de discursos raciales aplicará globalmente. Es como un movimiento derrideano; es como si las categorías tuvieran una cortadura a través de sí. Son cuestionadas en vez de resueltas en un híbrido. Este es el movimiento crítico en raza que me interesa. Pero una no necesariamente abandona categorías cruciales —digamos la categoría negro o afro-americano. No se abandonan necesariamente categorías como judío o afro-americano porque tienen un significado vívido poderoso. Pero tienen una cortadura a través de sí; están en duda porque no viajan a todas partes. Se desarman cuando se mueven, cuando son tomados en otros momentos. Comienza con la categoría negro o afro-americano en relación a la medicina contemporánea, especialmente la medicina genética, y, digamos, medicina de trasplante y cuestiones de almacenamiento de genoma alrededor del globo. Existen varias maneras de aglutinar poblaciones en categorías cuasi-raciales por genes compartidos que son algo que ciertas poblaciones, ciertos progresistas, negros, activistas de la salud, están demandando en ciertos contextos. Al mismo tiempo estos mismos activistas estarían resistiendo categorías raciales genéticas en otros contextos. Para tomar otro ejemplo, las personas que quieren mantener ciertas categorías raciales en el censo deberán, por otra parte, abandonar las categorías cuando observen, digamos, los patrones de residencia en la planificación del condado. Los actores políticos deben saber cómo estas categorías no son absolutas ni están clausuradas. No es una u otra; es que las categorías tienen que ser cuestionadas de manera materialista inteligente.

Traducción Juan A. Celis