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Cuerpo y desnudez en Karl Marx: Un acercamiento al pensamiento de la subjetividad en los Grundrisse. (Parte 1)

Por Feyie Ferrán

Feyie Ferrán1

En conmemoración al 203 natalicio de Karl Marx

Resulta evidente señalar la importancia que tenía el trabajador en el pensamiento de Karl Marx, como también parece ser claro que existe una centralidad de la noción de trabajo en su libro Das Kapital de 1867. Después de todo, el filósofo alemán, a 203 años de su nacimiento, es conocido popularmente por su obra El manifiesto comunista de 1848, un texto alusivo al rol del trabajador en la lucha y liberación del proletariado frente a la clase burguesa. Sin embargo, tener en consideración esto no nos libra del error de identificar la noción de trabajador (Arbeiter) con la de proletario (proletarier). Tampoco parece ser esclarecedor añadir que la noción de trabajo se fundamenta en su mera explotación por parte del capitalista y que, como tal, es solo quien echa andar la producción. Ya en Das Kapital, el filósofo alemán advierte que, independiente del “carácter determinado de la actividad productiva” lo que subsiste en todo trabajo es “ser un gasto de fuerza de trabajo humana”, más aún, ya sea en el trabajo del sastre o del tejedor, “son ambos gasto productivo del cerebro, músculo, nervio, mano, etc., humanos” (pág. [54]). Esta cuestión parece ser pasada por alto por Negri & Hardt en Imperio (2000) que al proponer el concepto de trabajo inmaterial2 intentaron dar un grado de actualidad a la conceptualización marxiana de trabajo, sin considerar que para Marx el trabajo en su sentido estricto es el gasto de fuerza humana, que, ya sea trabajo intelectual (“cerebro”) o trabajo físico (“músculo”), es el gasto del cuerpo del trabajador. 

En el presente trabajo se intentará retomar este asunto central en la teoría de Marx respecto al lugar del cuerpo en la producción, considerando que existe una relación ontológica entre la noción de subjetividad y la de trabajador en todo el desarrollo de los Ökonomische Manuskript 1857-1858 mejor conocidos como los Grundrisse. Ahora bien, que Marx identifique de cierta manera al trabajador con la subjetividad o el sujeto, requiere una explicación respecto cómo es que son entendidas estas categorías y, por supuesto, de dónde proviene dicha idea. Para Gerard Granel en su Ontología marxista de 1844 y la cuestión del “corte” el trabajo de Marx poseía el carácter sintético de lo que ya se había desarrollado en todo el pensamiento moderno, desde Descartes hasta Hegel, esto era, un pensamiento centrado en el sujeto. Este sujeto, a su vez, debe ser entendido como “lo que está siempre-ya-en-el-fundamento –el ser como hypo-keímenon, sub-jectum (…)” (pág. 34). Puesto que, al seguir el sentido del método cartesiano, el sujeto será la totalidad de toda la experiencia, que, mediado por su propio proceder, se dirigirá hacia lo ente, lo objectum. Esto mismo lo señala Martínez Marzoa en La filosofía de El Capital al considerar lo objectum como lo “absolutamente puesto” para el proceder del subjectum, esto querrá decir, lo que le brinda sus condiciones de posibilidad al mero proceder de la subjetividad (pág. 92). En otros términos, si la subjetividad es la totalidad de la experiencia, que radica en la forma de sujeto, esta misma es configurada por el objectum que se presenta como el terreno en que se desenvuelve esta actividad del sujeto. Esta actividad de configuración es lo que sintetizará Granel como “ser como producción” (pág. 22). Esta relación inmanente entre el sujeto y la objetividad que lo configura, debe ser entendida en su doble sentido, pues, así como el sujeto es configurado, también es configurante, lo que nos acerca a la cuestión de la actividad productiva, que se presenta para Marx como el sujeto vivo o el trabajador.  

Hasta aquí lo que se presenta es un problema entre la interacción entre la subjetividad con una objetividad configuradora de la experiencia del sujeto vivo. Esto en los Grundrisse es retomado por Marx al evidenciar que la única cualidad necesaria en la producción y que, dicho sea de paso, es la que puede aportar el trabajador, es la “fuerza vivificante [belebende Narutkraft]” (Grundrisse, pág. [270]) del proceso de producción. Para llegar a esta idea es preciso reordenar algunos elementos. Lo primero, la estructura social en la que está inmerso el trabajador genera un tipo de coerción3 sobre él, al obligarlo como tal a entrar en la esfera de la producción. No tiene mayor escapatoria, si el trabajador no lo hace no tendrá los medios necesarios para su subsistencia, lo que en cuestión de tiempo terminará por liquidarlo. De este modo, pone su cuerpo como mercancía, la cual es arrendada por el capitalista para su uso. El cuerpo se transforma aquí en un agente pasivo que entra en un proceso de producción arduo y que tiene como fin la objetividad producida. En síntesis, el trabajador se vale de “su corporeidad [leiblichkeit]” (Grundrisse, pág. [218]) para entrar en una relación con el capital a fin de subsistir. Esta situación del cuerpo dentro del pensamiento de Marx pareciera estar influenciada por el carácter pasivo que este mismo posee en la tradición de la filosofía moderna. Ya Descartes se refería al cuerpo como esa “máquina de huesos y carne”, añadiendo, “pues no creía yo que fuera atribuible a la naturaleza corpórea la potencia de moverse, sentir y pensar” (Meditaciones Metafísicas, pág. 25). Este modo de plantear la relación deja en evidencia que el cuerpo solo es movido por medio de un alma que vivifica la existencia corpórea.  Por otro lado, Fichte en su Fundamentos del Derecho Natural señala que el cuerpo “no es sino la esfera de las acciones libres”, “(…) Fuera del cuerpo, la persona no puede ser causa absolutamente libre” (FDN, pág. 150). Sobre esto último, cabe destacar que el cuerpo se presenta como necesario para la interacción misma de la persona, sin el cuerpo parece imposible cualquier determinación de voluntad o libertad, siendo la cuestión central el cómo es que se configurará el cuerpo en relación a la propia actividad del sujeto, llamando Fichte a esta configuración “personalidad” o “identidad” (pág. 151). Sin duda este tema sobre la interacción del cuerpo con su actividad será central para las teorías de género como se presenta en la formulación de Judith Butler en el Género en Disputa al referirse a la “configuración social de los cuerpos” (pág. 232) como aquel proceso social de estructuración del sujeto en base a un tipo de normatividad procedente de la categoría de sexo. Esta fricción producida al considerar al cuerpo en un doble sentido, por un lado, un objeto, una cosa, una herramienta de la producción y, por el otro, como el sujeto vivo mismo, será el punto central que abordará Marx durante la primera parte de los Grundrisse y Das Kapital.  

Hasta aquí para Marx el problema no solo será el gasto de fuerza humana en la actividad productiva del trabajador, considerando que esta misma se realiza gastando el cuerpo humano, sino que lo que aparece es la necesidad del trabajador por convertirse en una mercancía para poder entrar en el proceso de producción. Esta conversión es la de tratar al cuerpo del trabajador como una herramienta, su única herramienta. Para Marx, como veremos más adelante, el cuerpo entrará en este proceso completamente des-objetivado, sin ningún tipo de posesión en un “desnudamiento [Entblössung] total de toda objetividad” (Grundrisse, pág. [216]). El problema del cuerpo, para Marx, se traducirá en el problema de la desnudez.

Bibliografía

Butler, J. (2007). El género en disputa. Barcelona: Paidós.

Descartes, R. (1977). Meditaciones Metafísicas. Madrid: Alfaguara.

Fichte, J. G. (1994). Fundamento del Derecho Natural. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.

Granel, G. (2014). La ontología marxista de 1844 y la cuestión del ‘corte’. Actuel Marx(16), 15-68.

Heinrich, M. (2008). Crítica de la economía política: una introducción a El Capital de Karl Marx. Madrid: Escolar y Mayo.

Marx, K. (1976). Ökonomische Manuskript 1857-1858 (Vol. Teil I). Berlin: MEGA.

Marx, K. (2000). El Capital (Vol. I). Madrid: Akal.

Marzoa, F. M. (2018). La filosofía de El Capital. Madrid: Abada.

Negri, A., & Hardt, M. (2000). Imperio. (E. Sadier, Trad.) Massachussets: Harvard University Press.

Postone, M. (2006). Tiempo, Trabajo y Dominación social. Madrid: Marcial Pons.

Notas

  1.  Licenciado en Filosofía (UAH) y estudiante de Magíster en Pensamiento Contemporáneo y Filosofía Política (UDP). 
  2.  La intención patente de Negri & Hardt es la actualización del concepto marxiano de trabajo frente a las diversas nuevas dinámicas de producción que se presentan tanto en el siglo XX como en el siglo XXI. No obstante, tal como lo señalan: “El lugar central ocupado previamente por la fuerza laboral de los trabajadores fabriles en la producción de plusvalía está siendo hoy llenado cada vez más por la fuerza laboral intelectual, inmaterial y comunicativa” (pág. 28). Esto correspondería a una interpretación de Das Kapital que asume que el concepto de trabajo de Marx se reduce a su forma puramente fabril. Según lo citado en el cuerpo de este trabajo, pareciera ser que la conceptualización de Marx es más compleja de lo que Negri & Hart señalan. 
  3.  Esta noción de coerción se retomará más adelante, de momento es preciso remitir al trabajo de Moishe Postone en Tiempo, trabajo y dominación social (2006) que desarrolla con muchísima más atención la idea de una estructura social de dominación que considera al sujeto en un estado de dependencia del proceso de producción.  Esto lo expresa in extenso de la siguiente manera: “En el análisis de Marx, la dominación social en el capitalismo, en su nivel más fundamental, no consiste en la dominación de personas por otras personas, sino en la dominación de las personas por estructuras sociales abstractas que las propias personas constituyen. Marx pretendía aprehender este modo de dominación abstracto y estructural — que acompaña pero se extiende también más allá de la dominación de clase— con sus categorías de mercancía y de capital. Esta dominación abstracta no sólo determina el objetivo de la producción en el capitalismo, según Marx, sino también su forma material. En el marco del análisis de Marx, el modo de dominación social que caracteriza al capitalismo no está, al fin y al cabo, en función de la propiedad privada, del dominio por los capitalistas del producto excedente y de los medios de producción; sino, más bien, cimentado en la forma valor de la propia riqueza, un tipo de riqueza social que se enfrenta al trabajo vivo (los trabajadores) como un poder estructuralmente extraño y dominador” (pág. 33). Cfr. Heinrich, M. (2008). Crítica de la economía política: una introducción a El Capital de Karl Marx. Madrid: Escolar y Mayo. Pág. 111-138. (Heinrich, 2008)