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Espacio crítico

ESPACIOS SEGUROS Y FRAGILIDAD

Por Silvia Torres Morán

Silvia Torres Morán

A través de la correspondencia títulada “lugar y materiales”, Lua Coderch establece, a partir de cartas, comunicación con Virginia Roy; estos escritos revisan anécdotas cotidianas que a través de la imagen son compartidas con nosotros. La inmaterialidad de las palabras y la memoria narran en estas cartas la manera de habitar el mundo para Lúa, encontrando distintas posibilidades para edificar refugios que la guarden a ella y a sus afectos. “Lugar y materiales” describe espacios intervenidos y anidados por Coderch, los cuales acogen los procesos abstractos del pensamiento mientras se interroga la desorientación frente a la materialidad.

Shelter se interesa por la relación entre el contenido de las cartas y la construcción de imágenes visuales en las que panoramas naturales inhóspitos condensan el significado de refugio y fragilidad. Lúa Coderch (Perú, 1982) es una artista que vincula discursos narrativos y prácticas objetuales a través del videoarte, la instalación y el performance. La investigación, a su vez, es una herramienta que le permite a Coderch acercarse a los individuos y sus realidades individuales e históricas para generar encuentros. 

La primera de sus cartas, se mueve entre una relación de filiación y vínculos de afecciones. Nuestra identidad se hace movible para transformarnos en lo que los demás necesitan, los individuos son convertidos en refugios para cuidar de otros a partir de la relación con quienes aman; se acoge y recibe al otro. La guarida (shelter) se transforma en un espacio inmaterial que consolida su forma al hacerse presente y necesario. 

El paso de Lúa por el bosque la hace buscar su lugar por el mundo como alguien que se construye a partir de su entorno, pero del que no está tan segura de estar-habitar con plena conciencia. Hay duda en su residir, en su hacer cotidiano, hay confusión sobre la certeza de estar presente en el mundo. Coderch parece hablar de la existencia de una fragilidad del ser humano al entenderse dentro de un constante aprender. El refugio a partir de las rocas le recuerda a Coderch la forma en que percibimos los espacios, lo que nos interesa, lo desconocido y lo importante. De nuevo, la identidad vuelve como un ser que es capaz de enunciar aquello es necesario señalar y que intenta comprender su entorno.

La condición humana se da a partir de los afectos, las memorias y la forma en la que habitamos los espacios. Los refugios pueden ser materiales e inmateriales, pero siempre albergamos en ellos nuestro interior, nuestra fragilidad y nuestra búsqueda por procurarnos dentro del entorno con seguridad. Los espacios que construimos desde la certeza proveen contención y libertad, emanan seguridad y tranquilidad afectiva. Una zona segura se representa en el terreno de los espacios sensibles como un paisaje físico que conecta con nosotros desde la reflexión de cómo lo habitamos, creándose como una resistencia nuestra hacia la realidad misma. 

El presente y el futuro nos proveen de incertidumbre, las certezas se desvanecen constantemente y el mundo es un lugar cada día más inhóspito. Entre pandemias, políticas hostiles y el cambio climático, las prácticas socioeconómicas destruyen el hogar colectivo de la humanidad y los interiores de las moradas. El capitalismo insostenible ha vuelto frágil a gran parte del territorio mundial, obligando a las personas a migrar de sus espacios cotidianos. Quienes migran tienen como intención mejorar sus condiciones de vida y salir de los contextos marginales que permean en sus países. Las principales causas de este desplazamiento tienen que ver con la búsqueda de garantías, las dificultades que se viven a partir de la pobreza, la destrucción de los recursos naturales y la violencia e inseguridad de sus regiones. Al migrar, los espacios seguros dejan de existir y la confusión devora a los sujetos. Refugios precarios, vulnerables e impersonales acogen a miles de personas al rededor del mundo mientras la estructura del mismo se quiebra, la duda cohabita y ninguna fuerza externa protege a los inquilinos. Los refugios y el mundo se desmoronarán, sin embargo, son los anclajes a las relaciones humanas quienes detienen la fuerza de la intemperie. Son las memorias y los afectos la base y la resistencia de todo refugio, la brújula que permite encontrar el camino más allá del espacio y el tiempo.

Las construcciones de Coderch son espacios frágiles, pero seguros mientras son construidos y utilizados, ella comparte estos significados a través de sus palabras, externa las formas en las que ignora e intenta mantenerse unida a la realidad. Habla de cómo se relaciona con los paisajes inhóspitos como sitios de contención y nos invita a anidarlos. Los refugios, los espacios y las cartas de Coderch son lugares para abrirse a la fragilidad que nos habita y la confusión que profesan nuestras realidades.

Lúa Coderch (Perú, 1982)

Shelter [Refugio], (2015-2018)

Audiovisual

Exposición virtual, MUAC

Sala 10

https://muac.unam.mx/exposicion/sala10-lua-coderch