Cuerpo y desnudez en Karl Marx: un acercamiento al pensamiento de la subjetividad en los Grundrisse

Por Feyie Ferrán

En el pasaje anterior intentamos mostrar el carácter central que posee el “cuerpo” para comprender la noción de trabajo en Karl Marx, dando cuenta que el trabajo como actividad es un gasto de fuerza física e intelectual, en donde el trabajador se ve consumido como la energía que necesita la producción para realizarse. También, se mostró que en los Grundrisse este momento no solo es una “relación social” en la que el trabajador se encuentra con los medios de producción, sino que es el modo en el cual este mismo es el resultado de un largo proceso de producción que lo configura y, además, lo somete. Sobre este punto, es justo detenernos para analizar cómo es que el trabajador se enfrenta a los medios de producción y en qué sentido esta relación coercitiva configura su cuerpo.

            Durante 1844 los estudios de Karl Marx comenzaron a centrarse en la economía política debido a su encuentro con Engels, el ensayo titulado Esbozos para una crítica de la economía política lo influenció lo suficiente como para comenzar a leer a los teóricos clásicos de la economía política[1]. Es así como los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 tienen como objetivo tomar extensas notas sobre Smith, Ricardo, Say[2], que le servirán para sentar las bases de su investigación. Ya para este momento es posible dar cuenta que para Marx el trabajador se presenta, en primer lugar, como un “sujeto físico” que precisa de “medios de vida” para la “subsistencia física del trabajador” (2014, pág. 108), pero que no son suficientes para mantenerse en el curso de la producción, la jornada laboral y el bajo salario terminan por liquidar la fuerza que posee: “a tal punto –dice Marx– la realización del trabajo aparece como desrealización, que el trabajador es desrealizado hasta morir de hambre” (pág. 106). Este movimiento cuasi-dialéctico, que ya había sido advertido por Adam Smith con la división del trabajo[3], en Marx cobrará mayor importancia al mostrar que el sometimiento del sujeto vivo no es a tal o cual trabajo en particular, sino a la obligación de pertenecer a la esfera del trabajo para poder subsistir, lo que Moishe Postone llamará “coacción social abstracta” que se expresa como un “modo de dominación impersonal abstracto” (pág. 137). Entonces, para llevar a cabo este intercambio, el individuo debe presentarse como propietario privado de una mercancía, con la cual se llevará a cabo una “relación jurídica” “que tiene como forma de expresión el contrato” (El Capital, pág. 48), esta mercancía no es otra que su propio cuerpo que es puesto a disposición en el intercambio con el capitalista.

            Siguiendo esto, respecto a la estructura del “contrato”, resulta interesante cómo Hegel en su Principios de la filosofía del derecho considera que este “tiene su origen en el arbitrio” (§75, pág. 86), en donde cada parte decide ceder y adquirir algo de igual modo, porque este trato se da entre dos individuos en igualdad de condiciones. Así mismo, este contrato es pactado por un periodo de tiempo, puesto que la enajenación de las fuerzas corporales y espirituales del individuo no pueden completamente apropiadas por otro, esta distinción se centra en un enajenar “limitado en el tiempo” (jornalero) y una enajenación de la actividad en su totalidad (esclavitud) (§67, pág. 80). Para Hegel el arbitrio o la voluntad no parecen estar trastocados por ninguna estructura social que convierta un acto voluntario en una obligación de facto, esto porque, en última instancia, el trabajador puede decidir no trabajar incluso si esto lo lleva a la muerte. Ahora bien, esto no significa que Hegel no haya comprendido la naturaleza del contrato, sino que pareciera ser que para Marx el orden de las relaciones sociales ha sufrido una inversión y donde alguna vez el fundamento de la sociedad fue la esfera del derecho, ahora es la “ley económica”: “El contenido de esta relación jurídica o de voluntad lo da la relación económica misma” (El Capital, pág. 48). Dicho esto, la cuestión central ahora será reflexionar sobre qué consecuencias tiene transformar al cuerpo en una objetividad con la cual el trabajador se enfrenta a toda la producción como tal.

            Como ya habíamos señalado anteriormente (véase parte 1), el trabajador en tanto que sujeto vivo se relaciona con la producción por medio de su “fuerza vivificante” [belebende Narutkraft]” (Grundrisse, pág. 270), esto no es otra cosa que la fuerza que ejerce el cuerpo del trabajador al momento de entrar en el proceso de producción como una objetividad. Para Marx, esta disociación entre el trabajo y su única propiedad, el cuerpo, se presenta del siguiente modo:

“El trabajo, puesto como no-capital en cuanto tal, es 1) Trabajo no-objetivado, concebido negativamente (…). En cuanto tal, es no-materia prima, no-instrumento de trabajo, no-producto en bruto, el trabajo disociado de todos los medios de trabajo y objetos de trabajo, de toda su objetividad; el trabajo vivo, existente como abstracción de estos aspectos de su realidad efectiva (igualmente no-valor); este desnudamiento total de toda objetividad, esta existencia puramente subjetiva del trabajo. El trabajo como miseria absoluta: la miseria, no como carencia, sino como exclusión plena de la riqueza objetiva (Grundrisse, 216).

La oposición del trabajo al capital es algo en lo que Marx insiste de modo constante, en cuanto trabajador, el sujeto vivo (trabajo vivo), se opone a todo lo que constituye el proceso de trabajo, un tipo de negación de aquello que genera su realidad efectiva, su objetividad, que termina siendo el posicionamiento del cuerpo como mera abstracción, como propiedad separada de la subjetividad. Esta disociación no tiene otro objetivo que posicionar al sujeto vivo al interior del proceso de producción, en donde su cuerpo ya no le pertenece como tal, se trata de la reducción de la subjetividad a la pura desnudez en donde el sujeto ya no posee ni su propio cuerpo. Para Fischbach en La production des hommes: “el proceso que conduce a la reducción del hombre a la condición de sujeto es, por tanto, ante todo, un proceso de disolución sistemática y progresiva de un cierto número de relaciones” (pág. 106). Esta reducción del sujeto vivo a la mera corporalidad se presenta ahora como el modo necesario por el cual el trabajador puede llegar a realizarse como tal a fin de subsistir. Sin embargo, no debemos entender esta desnudez como un mero acontecimiento de propiedades que pueden ser restituidas, tampoco es solo una experiencia sensible del sujeto vivo, puesto que la disociación es una realidad efectiva, la desnudez se presenta, más bien, como la condición ontológica del sujeto en la Sociedad Moderna.

            Ya expuesta la situación formal en la que se encuentra el sujeto vivo, esto es, la desnudez de toda objetividad, habrá que adentrarnos en el proceso de producción, en tanto que el cuerpo debe enfrentarse a la maquinaria del capital como aquello radicalmente opuesto. En dicho movimiento veremos que la Maquinaria tiene un doble propósito, por un lado, “abreviar el tiempo de trabajo necesario” y, por el otro, ser el “poder del capital –sobre el trabajo– para reprimir toda prestación de autonomía por parte del trabajo” (1982, pág. 101). Este enfrentamiento constante del cuerpo frente al capital-maquinaria configurará al sujeto vivo, en tanto que ya no es más un mero trabajador particular, sino que es el engranaje que pone en marcha el movimiento del capital. El problema de la desnudez se nos presentará, al mismo tiempo, como el problema de una dominación abstracta.


[1] Véase Althusser, L. (1967).  Pour Marx. México: Siglo XXI. Respecto al inicio de Marx en la economía política, Althusser señala: “¿Cuál es en efecto el carácter específico de los Manuscritos del 44, cuando se les compara con los textos anteriores de Marx? ¿Qué aportan de radicalmente nuevo? La respuesta se encuentra en este hecho: Los Manuscritos son el producto del encuentro de Marx con la economía política” (pág. 127).

[2] Ibid.  Sobre este punto, Althusser señala: “En el período parisino (febrero-mayo del 44), decisivo desde este punto de vista, Marx se dedica a los economistas clásicos (Say, Sharbek, Smith, Ricardo), toma abundantes notas, cuyas huellas se encuentran en el cuerpo mismo del Manuscrito (la primera parte contiene tres largas citas), como si quisiera levantar acta de un hecho” (pág. 128).  

[3] Véase Smith, A. (1996). La riqueza de las naciones. Madrid: Siglo XXI. pág. 33-43.


BIBLIOGRAFÍA

Althusser, L. (1967). La revolución teórica de Marx. México: Siglo XXI.

Fischbach, F. (2014). La production des hommes. J. VRIN.

Granel, G. (2014). La ontología marxista de 1844 y la cuestión del ‘corte’. Actuel Marx(16), 15-68.

Hegel, G. W. (2004). Principios de la Filosofía del Derecho. Buenos Aires: Sudamericana.

Marx, K. (1976). Ökonomische Manuskript 1857-1858 (Vol. Teil I). Berlin: MEGA.

Marx, K. (2009). El Capital (Vol. I). México: FCE.

Marx, K. (2006). Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Buenos aires: Colihue.

Marzoa, F. M. (2018). La filosofía de El Capital. Madrid: Abada.

Postone, M. (2006). Tiempo, Trabajo y Dominación social. Madrid: Marcial Pons.