Alien phenomenology (Parte 1) 

Por Fabián Videla Zavala

“Estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera alienígena, y no tenemos las herramientas para combatirla” 

Cecilia Morel

Si algo ha caracterizado al pensamiento contemporáneo de la última década es el curioso ejercicio especulativo de “inventar el futuro” y con ello concebir nuevas metafísicas  –siguiendo la tesis de Quentin Meillassoux (2020)– íntimamente ligadas a ficciones extracientíficas. Al igual que la ciencia ficción, corrientes como el aceleracionismo o el realismo filosófico nos proponen imaginarios de futuros próximos dentro de una constante búsqueda de alternativas políticas a las perversiones tecno-capitalistas. Como sostiene Mark Fisher en Realismo capitalista –a propósito de la película de ciencia ficción Children of men (2006)si es más fácil imaginar el fin del mundo en vez del fin del capitalismo, la búsqueda de nuevos futuros y alternativas al capitalismo corresponde a una respuesta al diagnóstico recubierto por el nihilismo y la esterilidad política:

“La sospecha de que el fin ha llegado se conecta en Children of men con la idea de que tal vez el futuro solo nos depare reiteraciones y permutaciones. ¿Puede ser que ya no haya rupturas y que la experiencia del “shock de lo nuevo” haya quedado definitivamente atrás?  Esta angustia tiende a derivar en una oscilación bipolar: la esperanza del mesianismo “débil”, de que existe algo nuevo por venir, decae en la convicción de que no hay nada nuevo que pueda ocurrir nunca más” (Fisher, 2016, p. 24)

En este breve texto se elaborarán una serie de apuntes sobre lo “alien” en los trabajos de Ian Bogost (2012) y Helen Hester (2019). La tesis que se sostendrá es la siguiente: existe un vínculo directo entre la violencia conceptual que se escribe a través de las nuevas tecnologías del desenfreno −entiéndase los algoritmos o el Big data− y el miedo al xeno, es decir, lo extranjero (Del gr. ξενο- xeno- ‘extranjero’, ‘extraño’).  De este modo, la categoría “alien” −similar a lo cyborg, por ejemplo, en Donna Haraway1−  permite configurar un lugar ideal para analizar la cultura popular, la ciencia ficción y lo post-humano; en la medida que para el pensamiento contemporáneo imaginar un futuro, en contrapunto a la devastación capitalista, se trata de un gesto cardinalmente político.  

En un primer momento, lo “alien” permite leer una serie de terrores “inconscientes” presentes en nuestra sociedad: eso que trae la enfermedad y, con ello, la destrucción biológica de todo orden establecido; tal como lo ilustra la película Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), lo alien simboliza el miedo a la enfermedad misma, la degeneración biológica y la reproducción –o incorporación– biológica parasitaria de eso extranjero.

En un imaginario naufragio espacial, tiene lugar una de las escenas más inquietantes en la historia del cine, momento en que el parásito del alien salva al rostro de Kane para incubar su huésped parásito. ¿Qué horrores comprende el parásito extranjero? Mark Fisher caracteriza dicho miedo a lo extranjero –eso otro incomprensible–, mediante la literatura de Lovecraft, en Lo raro y lo espeluznante (2018), como una integración catastrófica de lo exterior en un interior:

“El encuentro con lo exterior suele acabar en conmoción y psicosis. Las historias de Lovecraft conllevan a menudo una integración catastrófica de lo exterior en un interior que, de manera retrospectiva, acaba mostrándose como un envoltorio engañoso, una farsa. Pongamos por caso «La sombra sobre Innsmouth», en la que se acaba revelando que el protagonista es también un Profundo, una entidad acuática alienígena” (Fisher, 2018, p. 21)

El extranjero, por decirlo de algún modo, es el enemigo por excelencia, siempre víctima de la calculabilidad política (Penchaszdeh, 2014). De aquí el miedo fundacional por lo xeno, la xenofobia y la transfobia. En este sentido, no es de extrañar, por ejemplo, las declaraciones de Cecilia Morel en que se deja apreciar la distópica alegoría que las protestas en Chile eran una suerte de “invasión alienígena”2. En este punto, podríamos expandir el argumento de un modo similar en que Derrida, en su seminario Políticas de la amistad, reflexiona las lógicas del amigo y el enemigo en el pensamiento político de Carl Schmitt. En efecto, de manera similar a los organismos biológicos imaginados por Ridley Scott en Alien, el extranjero es una suerte de parásito, cuerpo extraño que irrumpe en el cuerpo político, desbaratando así  el reparto político en la stásis, revuelta o guerra civil:

“Siguen siendo naturales incluso si una de las dos, la guerra civil (stásis) adopta a veces la figura de la desnaturalización. Pues es entonces una desnaturalización de la naturaleza en la naturaleza, un mal, una enfermedad, un parásito o un injerto, un cuerpo extraño, en suma, dentro del cuerpo político propio, en su cuerpo propio, Éste, sin duda tendría que identificar propiamente el cuerpo extranjero del enemigo fuera, pero no lo consigue jamás” (Derrida, 1998, p. 133)

En un segundo momento, sostenemos que la discriminación digital mediante el código que decodifica el cuerpo es una realidad. Algoritmos de reconocimiento facial, la violencia simbólica de los memes compartidos por grupos de chat, la filtración de videos e imágenes íntimas en sitios pornográficos ampliamente destinados a su fácil localización, filtros de cámaras y aplicaciones que se encargan de un blanqueamiento racial. Entre el código y la piel, entre la interface y el cuerpo, transita y oscila una constante decodificación del cuerpo. La nueva jungla de información en que nos vemos inmersos comprende una información híbrida: se trata de una nueva fenomenología del flujo informativo en que lo orgánico y lo sintético se entre mezclan, así como la fisiología humana y los dispositivos técnicos. Más allá de declaraciones tecnofóbicas –pensemos en los devaneos post-heideggerianos de Byung-Chul Han– se trata de una captura del código a los rasgos corporales de lo xeno, lo extranjero. Como bien señala Gilles Deleuze en sus clases preparativas de Mil mesetas, existe un afán del capitalismo por recodificar todo aquello que desconoce, todo, incluso eso extranjero:

“Una sociedad puede codificar la pobreza, la penuria, el hambre. Lo que no puede codificar es aquella cosa de la cual se pregunta al momento en que aparece: ¿Qué son esos tipos de ahí?” En un primer momento se agita entonces el aparato represivo, se intenta aniquilarlos, En un segundo momento, se intenta encontrar nuevos axiomas que permiten, bien o mal, recodificarlo” (Deleuze, 2015, p. 21)

¿Qué hacemos entonces con la paranoia perpetua de esa axiomática capitalista, que bien describe Deleuze, capaz de incorporar todo -incluso al enemigo- en su afán de persistencia? ¿Cómo configurar un activismo tecnológico en un momento en que la vida se administra con mayor persistencia por algoritmos tecnológicos? ¿Qué perspectivas nos puede sumar lo xeno y lo alien, eso no humano, al momento de afrontar el sobrecogimiento de un conocimiento artificial dinámicos que filtra, distribuye y administra flujos de información?

Notas

  1.  Véase la entrevista de Donna Haraway traducida y publicada en este mismo medio: https://revistarizoma.com/2021/03/08/perspectivas-para-una-informatica-materialista-una-entrevista-con-donna-haraway/  
  2. Se puede encontrar un registro del audio filtrado aquí: https://www.youtube.com/watch?v=2QK_94J7YUo

Bibliografía

Bogost, I. (2012). Alien Phenomenology, or What It’s Like to Be a Thing. University of Minessota Press.

Deleuze, G. (2015). Derrames. Cactus.

Derrida, J. (1998). Políticas de la amistad. Trotta.

Fisher, M. (2016). Realismo capitalista. Caja Negra.

Fisher, M. (2018). Lo raro y lo espeluznante. Alpha Decay.

Hester, H. (2019). Xenofeminismo. Caja Negra.

Meillassoux, Q. (2020). Metafísica y ficción extracientífica. Roneo.

Penchaszdeh, A. P. (2014). Política y Hospitalidad: Disquisiciones urgentes sobre la figura del extranjero. Eudeba.