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Espacio crítico

Para una lectura política de Mark Fisher en América Latina

Por David Barrera

Por David Barrera

Para muchxs, la escritura de Mark Fisher resultó un verdadero acontecimiento intelectual. Lejos de la retórica fría enrevesada de mucha de la teoría actual y de la escritura en algunos soportes digitales, la obra de Fisher vibra e ilumina dadas no solo las condiciones socio-económicas a las que sus escritos hacen referencia constantemente –el neoliberalismo post-thatcheriano del Reino Unido y el desmantelamiento progresivo del Estado–, sino que también por el espacio mismo en el que fueron desplegados: k-punk como espacio, como “plano de inmanencia” que vehiculiza no solo ideas o interpretaciones sobre determinados fenómenos teóricos, políticos y de la cultura popular, sino que, más importante aún, presenta una sensibilidad y presenta una actitud desde la cual plantearse. En ese sentido, la lección fishereana para lxs latinoamericanxs no redunda tanto en la interpretación de la cultura del post-fordismo, concepto tanto más fuera de lugar y disonante cuanto el despliegue del neoliberalismo en los países del continente no se dio tanto como una fantasía de “superación” y desmantelación tecnocrática del estado subsidiario y del modo de producción fordista (¿tuvimos acaso tales industrias?), sino que más bien como una reorganización a nivel estatal y como una restauración y refundación capitalista del Estado mismo. Más bien, se trata en pensar cómo aquella Hauntología de los futuros posibles y aquel rescate de la actitud modernista, tanto en la cultura popular como en el histórico High Modernism, hace eco en nuestras propias actitudes y sensibilidades políticas en nuestro presente.

Dos apuestas aparentemente opuestas aparecen en los escritos de k-punk. En primer lugar, la reivindicación del Glam y el Gótico como actitudes de la clase trabajadora, en cuanto son herramientas que posibilitan un desafío al utilitarismo burgués y a la racionalidad intimista del sujeto, que desprecia cualquier aditamento de la superficialidad, el maquillaje y la sensualidad en pro de una pureza y honestidad interiores. En ese sentido, tanto el devenir Objeto-de-deseo de Siouxsie Sioux (“Para tu displacer, la alta cultura del gótico”) como la frialdad glamourosa en una portada de Roxy Music (“K-punk o el discontinuum del art pop glampunk”) ofrecen la idea de una reivindicación modernista por la forma y por una actitud estética frente a la repetición acrítica del postmodernismo. Sin embargo, por otra parte, en “Spinoza, k-punk, neuropunk”, se nos invita al desmantelamiento cibernético de cualquier organismo y organicidad hacia un devenir inhumano que hackee el ingreso de afecciones tristes y así llevar a cabo el “intrincado arte del desensamblaje”. 

La confluencia entre un esteticismo genuinamente wildeano y el spinozismo esconde una reactivación de determinado espíritu de vanguardia, de un espíritu moderno que se hace cargo de una tradición, la reinventa y la reactiva según las necesidades del presente. Una fusión de arte y vida, de una estetización de la vida (y no la deshumanización del arte tan cara a los conservadores) y de una reterritorialización lo humano. 

Dado lo anterior, surge inmediatamente la pregunta sobre “nuestra” tradición y “nuestro” Modernism. En otras palabras, de qué pasado y de qué actitudes artísticas y culturales nos hacemos cargo, en el presente, que vehiculicen la reinstalación de aquellos futuros perdidos. En ese sentido, la lectura que hace Fisher de Eliot es clave: “la consecuencia a la que arriba Eliot es que el agotamiento de lo nuevo nos priva hasta del pasado. La tradición pierde sentido una vez que nada la desafía o modifica” (Realismo capitalista 24). Así, ante la reproducción incesante de mercancías para el consumo, el refuerzo de determinadas tradiciones artísticas y culturales permite la rearticulación de los futuros posibles.

Una de las lecciones más importantes, a nuestro parecer, es la manera en que la vanguardia latinoamericana se articulo en torno a la vida cotidiana. Más que en la configuración de fantasmagorías azarosas que develen el sentido oculto tras las apariencias –la lección de Breton–, la articulación entre arte y vida de las vanguardias latinoamericanas radicó en su imbricada relación con movimientos de emancipación política. No se trata, sin embargo, de repetir formas ya institucionalizadas de ruptura, sino que, más bien, de aprender las lecciones de las configuraciones estético-políticas de identidades.

 En ese sentido, pocas figuras resultan tan paradigmáticas como José Carlos Mariátegui y su apuesta por un vanguardismo que permita la articulación de una literatura nacional y, así, configurar una cultura política socialista contra los remanentes del latifundio y en defensa de la causa indígena. Si el problema del indígena es eminentemente el problema de propiedad de la tierra y del modo de producción oligárquico, la respuesta es articular una cultura nacional que logre configurar las condiciones de una revolución indosocialista. Ciertamente, recoger determinada tradición no significa retomar los puntos ciegos de categorías excesivamente duras, como puede ser el concepto mismo de nación (además de que, claramente, las condiciones sociales de posibilidad de determinadas categorías pueden ser más o menos obsoletas en la nueva correlación de fuerzas del Realismo Capitalista, en el que, claramente, la derecha ha tenido victorias más bien patentes), sino que, por el contrario, se trata de retomarlo y desplegarlo en un nuevo plano de inmanencia y reterritorializarlo en nuestro presente, de modo que resulte una herramienta estratégica de autodefiniciones políticas y de reconstituciones de objetivos. 

Es más, la relación misma entre cultura y nación, desde una perspectiva eminentemente política, puede presentarse como la respuesta a las necesidades particulares de liberación y desarrollo de cada pueblo (Getino y Solanas, “Hacia un tercer cine”). En ese sentido, hacemos eco de la advertencia de que “lo que debe diferenciar a la izquierda de la derecha es un compromiso con la idea de que la liberación se encuentra en el futuro, no en el pasado” (“El futuro todavía es nuestro: autonomía y postcapitalismo”). De este modo, creemos pertinente que la apuesta por los futuros perdidos de movimientos de vanguardia y de las influencias de estos movimientos en manifestaciones culturales de la época que Claudia Gilman concibe como los “largos 60”, en la que la lógica de la de la historia parecía ineluctable y cuyo modo de temporalidad se expresaba por la emergencia de tiempos rápidos. De este modo, legados revolucionarios continentales, como los movimientos estudiantiles y la propia Revolución Cubana, serían nuestro momento ácido, relativo a la psicodelia de la cultura anglosajona, en el que las categorías mismas según las cuales vivimos, según k-punk, devienen plástica, mutables y exhiben su misma arbitrariedad. El legado cuya perspectiva de futuro y optimismo, en definitiva, debemos recuperar y analizar para entender cómo funcionó el momento de deflación en que el capital transformó la confianza en abatimiento (“Comunismo ácido”).

Lo que proponemos acá no es una agenda ni tampoco una lectura nostálgica del pasado latinoamericano y del legado emancipatorio, sino que se trata de pensar la manera en la que la actualización de este pasado no solo es hacerle justicia –la redención de los derrotados del pasado, como reza el legado de Walter Benjamin–, sino que tomar lecciones que son menos programáticas que afectivas, de modo de poder articularse y coordinarse como colectivo en el momento de individuación neoliberal. Nuestra hauntología es eminentemente política. 

Bibliografía

Fisher, Mark. K-Punk. Escritos reunidos e inéditos. Tres tomos. Buenos Aires: Caja Negra Editora, 2019-2020-2021.

___. Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? Buenos Aires: Caja Negra Editora: 2018.

Getino, Octavio y Solanas, Fernando Ezequiel. “Hacia un tercer cine”. Soberón Torchia, Edgar. 33 ensayos de cine. San Antonio de los baños: Ediciones EICTV, 2008. 210-217.

Gilman, Claudia. Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2012.Mariátegui, José Carlos. 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 2007.