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El devenir meme de Ievan Polkka: de canto tradicional finlandés a viral en internet

Por Emilia Oriana Pozzoni

por Emilia Oriana Pozzoni

Ievan polkka (lo que en español traduciríamos como “la polka de Eva”) es una canción folklórica del sureste de Finlandia, más específicamente de la región de Karelia, ubicada en la frontera del país nórdico con Rusia. Se estima que la melodía fue transmitida de boca en boca a lo largo de todo el siglo XIX, hasta que finalmente en 1928 el compositor finés Eino Kettunen escribió y distribuyó masivamente su letra, cristalizando una tradición centenaria. Argumentalmente, la canción nos habla sobre Eva quien se escapa del control de su familia para bailar polka con un hombre, hasta que, al detenerse la música, su madre descubre el engaño. Tal como su título y su letra  lo indican, esta pieza musical se define como una polka, género de Europa del este que llegó a territorio finlandés a mediados de 1800, y se caracteriza por un ritmo alegre, distendido y que invita al baile. 

A lo largo del siglo XX, Ievan polkka ha tenido diferentes reversiones, mayormente producidas por músicos y bandas locales, siendo una de las más populares la realizada por el cuarteto a capella Loituma en 1995 –la cantidad de reproducciones del video en Youtube supera en un 800% a la población actual de Finlandia–. También han existido adaptaciones a otros estilos musicales, principalmente al heavy metal –de hecho, Finlandia es el líder mundial en grupos de rock pesado per cápita, con 53,2 bandas por cada 100.000 habitantes–. Sin embargo, la verdadera popularidad por fuera del territorio nórdico se produjo cuando, sin precedentes ni anticipos, Ievan polkka se convirtió en un fenómeno de internet. 

En 2006, una animación flash comenzó a circular en LiveJournal –un servidor de weblogs ruso– y rápidamente se viralizó entre los usuarios. Se trataba de un fan-art –arte creado por y para fanáticos de un determinado objeto cultural– de Orihime Inoue, personaje del anime Bleach. Con menos de treinta segundos de duración sorprendió por su composición absurda: el personaje femenino movía los labios al ritmo del folklore finés mientras hacía girar un puerro con su mano derecha. No obstante, a pesar de lo inesperado, el ritmo pegadizo se combinó con el fanatismo por el dibujo japonés y rápidamente la imagen animada se viralizó. En ella solo podían oírse los últimos cuatro versos de la quinta estrofa y la totalidad de la sexta de la versión a capella de Loituma, momento en el cual el hombre con el cual ha bailado Eva, se dirige a su madre y le advierte que ambos están destinados a amarse sin importar las restricciones. Sorprendentemente, no solo la animación se popularizó, sino también el audio como pista de sonido independiente, y muchos usuarios decidieron emplearla como ringtone en sus teléfonos celulares. 

En este sentido, ya podemos empezar a entender esta reproducción viral en internet como una puesta en jaque del concepto benjaminiano de aura: la performance de Loituma, en donde se ponen de manifiesto el talento de sus voces sin ninguna modificación tecnológica, se ve alterada ante la circulación ad infinitum en redes, en donde cualquier usuario puede modificarla, menguar su duración y hasta transformarla en un formato diferente, en este caso un tono de llamada para celulares. Sin olvidar que, la Ievan polkka de LiveJournal, ya no responde a los objetivos iniciales de la canción folklórica: ahora se trata de una diversión masiva en internet que combina la temática amorosa tradicional con el personaje de un dibujo animado realizando un gesto absurdo. Música y video se conjugan para dar lugar a un nuevo fenómeno de redes, que los cibernautas dieron en renombrar Leek spin, en referencia al movimiento que Orihime Inoue realizaba en la animación. De esta manera, muchos llegaron a Ievan polkka a partir de un formato y un nombre impensado en sus orígenes decimonónicos. 

Sin embargo, el vasto recorrido digital de esta polka finlandesa no termina aquí: tan solo un año después, en 2007, la cantante holográfica Hatsune Miku lanzó su propia versión Vocaloid de “la polka de Eva”. Hatsune Miku invita a repensar el arte y sus límites en el siglo XXI: se trata de una “cantante” de figura antropomórfica generada a partir de una librería de pistas de voz combinada con un sintentizador. De este modo, la versión tradicional de Ievan polkka adoptó un estilo más similar a la música techno, empleando en gran medida balbuceos fonéticos en lugar de respetar la letra tradicional finesa. El finlandés se reproduce de manera casi fonológica transformando los sonidos vocales de Loituma en versos reiterativos aunque sonoramente agradables: “Ddan rin ran ren ran doo / Wa bari kkattaa / Paripparii bari biri biribir / Suten ren ran don”, se oye en la primera estrofa de Hatsune Miku. En efecto, la polka se despoja de todo valor argumental y se vacía de significado tradicional para reducirse a su componente sonoro y bailable. 

La versión de Miku no solo fue un éxito en redes sociales y plataformas audiovisuales como Youtube, sino que también formó parte de los videojuegos Hatsune Miku: Project DIVA 2 y  Just Dance 2016. En el caso de este último, la canción finesa se reinventa nuevamente, ya no solo en cuanto a sonido, sino también a su materialidad corporal. Son los jugadores de Just Dance quienes deberán poner sus piernas y brazos a funcionar para recrear la danza típica, con movimientos que oscilan entre lo sensual y la estética de lo kawaii –traducido como “tierno” en japonés– propios de Miku, junto a movimientos tradicionales de la polka –como el zapateo rítmico o el alternado de ambos pies hacia delante y hacia atrás–. Además, los gráficos del videojuego incluyen un puerro o cebolla galesa, en referencia al consumo masivo de la canción en internet originado en 2006. Se construye así una nueva ficción de origen sobre Ievan polkka. Para aquellos usuarios ajenos a la tradición finesa, el verdadero comienzo de esta canción se encuentra vinculado al puerro de Orihime Inoue y su fan-art animado. Internet reescribe de modo palimséstico la verdadera historia de esta polka nórdica. 

Así y durante más de diez años, Ievan polkka se convirtió en un producto cultural masivo de redes transformado en remix, video, gif y hasta incluso videojuego. Hasta que en 2019 devino meme. En diciembre de 2018, el músico turco no vidente Bilal Göregen compartió en sus redes sociales un video tocando y cantando Ievan polkka acompañado de un darbuka o tambor de copa, instrumento de percusión típico de los Balcanes y Oriente medio. Con rapidez, al igual que como había sucedido en 2006, los consumidores de redes como Reddit, Facebook e Instagram compartieron el contenido y lo viralizaron nuevamente. Sin embargo, la verdadera “memeficación” del video se produjo cuando un usuario anónimo editó la filmación para añadir el gif de catjam o vibing cat, un felino blanco que mueve el cuello sistemáticamente y pareciera adaptarse al ritmo del tambor de Bilal. Hoy en día, la polka finesa ha vuelto a ser renombrada: al googlear “cat vibing song” o “canción gato tambor”, Google nos arroja más de un millón de resultados asociados a Ievan polkka y sus versiones digitales. 

Sin lugar a dudas, al hablar de meme, empleo el verbo devenir de manera intencional, entendiendo, en términos deleuzianos, que el vasto recorrido digital de Ievan polkka ha borrado sus límites y la ha hecho ingresar en una zona de indiscernibilidad o de indiferenciación. Ya no es posible hablar de folklore tradicional pero tampoco de un simple meme: no es ni uno ni otro. No podemos definirlo a partir de las sumas de sus partes, sino cómo una nueva totalidad virtual en cambio constante, abierta a la modificación de nuevos usuarios y una viralización infinita, que podrá tener nuevas variantes y enriquecerse del inminente folklore de las redes en los años siguientes. En efecto, el caso de Ievan polkka abre la interrogante acerca de cómo perduran las tradiciones centenarias en un contexto de gusto por lo desechable, lo dinámico y lo permanentemente actualizable. ¿Será, entonces, el meme la nueva cristalización cultural del siglo XXI? Solo será cuestión de esperar.