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Espacio crítico

La experiencia límite de la tortura como acontecimiento traumático

Por Sebastián de la Fuente

Por Sebastián de la Fuente

En Chile, a partir del 11 de septiembre de 1973 –luego de que la Junta Militar inició sus acciones represivas sobre la sociedad nacional basándose en las disposiciones de los estados de excepción de la Constitución de 1925, en la ley de Seguridad Interior del Estado y en el Código de Justicia Militar–, fueron arrestadas miles de personas y llevadas a diferentes recintos de detención policial. Los detenidos y las detenidas fueron juzgados por tribunales de guerra, acusados y acusadas de distintos delitos, sometidos y sometidas a horrorosos interrogatorios, siendo muchos y muchas de ellos y ellas víctimas de un crimen de lesa humanidad como lo es la tortura (Lira y Loverman, 2004).

Si bien es cierto que la tortura existe en la historia de la humanidad desde tiempos inmemorables (Gudin, 2009), el estudio de sus efectos en la personalidad es de reciente aparición. La médica Paz Rojas (1996) señala que, al atender los primeros casos de torturados y torturadas en Chile tras la irrupción de la dictadura cívico-militar, los y las terapeutas se dieron cuenta de dos hechos destacables: por una parte, el límite que les imponía esta experiencia que, en tanto traumática, resulta muy difícil de comprender en cuanto se encuentra vacía de sentido; pero segundo, que los conocimientos médicos, neurológicos y psiquiátricos eran absolutamente insuficientes para sanar el derrumbe subjetivo provocado por este acontecimiento traumático cuyo potencial destructivo sobre la identidad transgrede de forma radical la constitución de un sujeto. En efecto, lo cierto es que el sujeto, luego de la tortura, ya no es el mismo que antes y es en este sentido que se trata de una experiencia límite (Comisión Nacional Sobre Prisión Política y Tortura, 2004) cuyas marcas son siempre imborrables.

En una entrevista de 1978 el periodista Duccio Trombadori entrevista al filósofo francés Michel Foucault. Es en este contexto que Foucault (2013) se refiere a la experiencia límite, siguiendo la estela de Nietzsche, Bataille y Blanchot, como el testimonio de la desaparición de un sujeto. Dicho de otro modo, la experiencia límite es un proceso de desubjetivación en el que el sujeto deja de ser el mismo que era antes (Bordeleau, 2018; De la Fuente, 2020). De este modo, se podría afirmar que la experiencia límite, al igual que el acontecimiento traumático, se caracteriza por lo que la filósofa Catherine Malabou (2014) considera como su poder de aniquilamiento de la personalidad, el poder de “cambiar la personalidad de los pacientes” (2014: 43). En consiguiente nos preguntamos: ¿Cuál es el poder de destrucción que tiene sobre la personalidad la experiencia límite de la tortura como acontecimiento traumático?

Si nos tomamos en serio el hecho de que la tortura es una experiencia límite entonces debemos aceptar que se trata ante todo de un cambio en la personalidad de quien experimenta este acontecimiento traumático que, si bien siempre es singular y dependiente de la historia personal, como se ha estudiado en algunos estudios clínicos del trauma político (Pizarro, Espina e Hidalgo, 2010) se trata ante todo de una experiencia de lo real (Pizarro, 2014), es decir, del testimonio de una experiencia que en sí misma se encuentra completamente vacía por lo traumático del evento (Hidalgo, 2017). Para Malabou (2014) esta propiedad del trauma es característica de lo que distingue como el poder de la plasticidad destructiva. En efecto, el término plasticidad si bien designa la capacidad que tienen ciertos materiales para recibir la forma, la plasticidad también designa el poder de dar forma. Pero en razón de un tercer dominio de la plasticidad notamos que términos como el de “explosivos plásticos” testimonian la idea de una creación por destrucción de forma, pues está claro que las experiencias traumáticas como la tortura no son creadores de forma en su sentido positivo, sino ante todo creación por destrucción de forma.

Dicho lo anterior estamos entonces en condición de afirmar que la experiencia límite de la tortura como acontecimiento traumático constituye entonces la creación de un sujeto cuya identidad sin precedentes nace de la destrucción de toda forma de personalidad previa. Esta destructividad sobre sí mismo, desde el punto de vista clínico es un síntoma común que se presenta en la mayoría de los afectados y afectadas que se presenta como cierta tendencia a desligarse de los otros, lo que se traduce en cierta dificultad para establecer un lazo con lo social por desconfianza al ser tocado nuevamente por la herida de la traición del semejante.

Si el terrorismo de Estado a través de sus agentes de seguridad fue el responsable de esta experiencia traumática, entonces es deber del mismo Estado el de hacerse cargo de las heridas ocasionadas por sus múltiples prácticas de represión política como la tortura durante la dictadura cívico-militar. Es urgente que en este contexto no solo se encuentren respuestas a la demanda de reparación en la salud de los afectados y afectadas, sino también a la necesidad del reconocimiento de la impunidad por el esclarecimiento de crímenes de lesa humanidad ocasionados por el terrorismo de Estado, todo esto con el fin de responder a la deuda histórica de reparación del Estado con estos eventos represivos que, se lo quiera o no, habitan en el cuerpo de nuestra memoria.

Bibliografía

Bordeleau, E. (2018), Foucault anonimato. Buenos Aires: Editorial Cactus

Comisión Nacional Sobre Prisión Política y Tortura (2004). Informe de la Comisión Nacional Sobre Prisión Política y Tortura. Santiago de Chile: Ministerio del Interior

De la Fuente, S. (2020). La experiencia límite como desubjetivación. Arrancar al sujeto de sí mismo. Tesis para optar al grado de Magíster en Pensamiento Contemporáneo: Filosofía y Pensamiento Político. Santiago de Chile: Universidad Diego Portales.

Foucault, M. (2013). La inquietud por la verdad. Escritos sobre sexualidad y sujeto. Buenos Aires: Siglo XXI.

Gudin, F. (2009). El estado de derecho frente a la tortura. Luchas y sombras en la lucha jurídica por la dignidad del hombre. Valencia: Tirant lo Blanch

Hidalgo, N. (2017). Violencia política: algunos problemas clínicos actuales. Castalia, 29, 27-41.

Lira. E. y Loverman, B. (2005). Políticas de reparación: Chile 1990 – 2004. Santiago de Chile: LOM Ediciones.

Malabou, C. (2014). Los nuevos heridos. México: Paradiso Editores

Pizarro, A., Espina, J., Hidalgo, N. (2010). El programa del trauma político: un dispositivo en la salud pública. En Aceituno, R. (comp). Espacios de tiempo: Clínica de lo traumático y procesos de simbolización. Santiago de Chile: Universidad de Chile.

Pizarro, A. (2014). Del sujeto del trauma político al sujeto de la inscripción traumática. En Cabrera, P. (comp). Construcciones. Clínica de lo traumático y figurabilidad. Santiago de Chile: Universidad de Chile.

Rojas, P. (1996). La tortura, arma de poder: la respuesta terapéutica como instrumento de vida. En CODEPU (1996). Persona, Estado, Poder. Estudios sobre salud mental. Volumen II. Chile 1990 – 1995. Santiago de Chile: Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo.